Las muertes de Carrillo, Fraga y Solé Tura, padres de la Constitución, me dan pie para escribir sobre la diferencia entre la España en que se gestó la Carta Magna y la actual. A la muerte de Franco temíamos una nueva guerra civil. Existía un gran descontento y deseo de profundo cambio político, pero el régimen estaba muy presente todavía, y los militares tenían mucha fuerza y no estaban dispuestos a ceder un ápice. Fue en este ambiente de inseguridad y miedo cuando se redactó la actual Constitución, con sumo cuidado de no molestar a ningún estamento. Yo tengo más de 80 años y lo víví. Hace más de 30 de aquello, y la mayoría de los españoles de ahora no la pudieron votar porque no habían nacido o porque eran demasiado jóvenes. Todas las Constituciones, con el tiempo y cuando varían las circunstancias, cambian. Y puede modificarse, lo dice uno de sus mismos puntos. ¿No sería hora de estudiarlo, en lugar de anteponerla como una barrera ante cualquier propuesta?