Solo tengo palabras de gratitud para Anna, una gran persona. Con mucha personalidad y con las cosas claras, capaz de decir verdades como un templo. Yo estuve con ella de los 7 a los 18 años como nadadora y del 2003 al 2008 como entrenadora. Cuando era nadadora se preocupaba por mí y las demás chicas, no solamente en los entrenamientos sino también fuera de ellos. Su visión de este deporte iba más allá y ha conseguido darlo a conocer con el gran don que la caracteriza: transmitir al público y las nadadoras una forma de nadar desde el corazón. Anna Tarrés conseguía sacar lo mejor de nosotras, nos hacía crecer como personas. Viví la sincro cuando nadie la conocía: Anna creía mucho en este deporte y sus ganas de luchar, su pasión y su carácter innovador nos hicieron disfrutar hasta llegar a lo más alto. Las medallas son lo de menos: me quedo con el recuerdo y la energía que desprendía Anna cada vez que diseñaba una coreografía, los momentos tan emotivos, las ganas de superación, y su afán por descubrir nuevos caminos. Eso solamente puede hacerlo una persona con un don especial y con un gran amor al deporte, a un proyecto y a un equipo.