Las exigencias de la Europa de la austeridad han obligado al Gobierno español a aprobar nuevas medidas económicas, que combinan aumento de impuestos y recortes. El objetivo es reducir el déficit público en 65.000 millones de euros en dos años y medio. Parece que Europa quiere conducirnos a la intervención plena, y es que las medidas impuestas, si no se compaginan con políticas de crecimiento, traerán más recesión, más paro, una renta inferior, menor recaudación tributaria, una prima de riesgo por las nubes y el incumplimiento de los objetivos de déficit. El Bundesbank manifestó que España debería solicitar el rescate total, no solo el bancario, pero el estallido de Bankia ha generado un estado de desconfianza hacia España, agravado por el comportamiento del PP. Este empezó a generar suspicacias en Europa cuando se opuso a los ajustes de Zapatero, y una vez en el Gobierno, retrasó la aprobación de los presupuestos hasta la celebración de elecciones en Andalucía para no pagar un precio político. Rajoy se presentó a las elecciones con un programa electoral poco creíble, que se ha incumplido de arriba abajo, aunque era previsible. Nada ha mejorado. La tragedia griega está llamando a nuestras puertas, y solo podríamos impedir ser sus actores con un gobierno de concentración, apoyado por un pacto entre los diferentes sectores políticos, económicos y sociales. Este Gobierno tendría mucha más credibilidad y una inmensa legitimidad para pedir más sacrificios a los que tienen más capacidad económica en beneficio de los más débiles.