Desde que tengo uso de memoria he bailado en un 'esbart', he llorado con los 'castellers' y he huido de los 'correfocs'. Desde que tengo uso de memoria y cierta conciencia, me he considerado independentista, sin pararme a pensar qué implicaba esto económica o políticamente. Mi razón siempre ha sido simple: no sentirme española. Ahora, con la independencia más cerca que nunca, hay algo que me preocupa y en lo que no había pensado hasta que una quebequesa me lo comentó. La opresión, la sensación de no pertenecer, de no sentir el pasaporte como propio, hace despertar la cultura de una región en la defensa de esta. Siempre he pensado que la cultura catalana está viva porque gente de todas las edades la hace viva. Pero ¿no será que la estamos utilizando como arma? ¿No será nuestra manera de decir que somos diferentes? Me siento orgullosa de pensar que los catalanes hemos escogido los 'castells', 'bastoners', 'esbarts' y 'diables' como manera de luchar. La duda que me hace escribir es si la independencia nos costará toda esta fuerza, esa cultura que nos caracteriza. ¿Perderemos todo lo que nos hace catalanes, si finalmente tenemos nuestro esperado Estado propio?