Durante muchos años he desempeñado en la residencia Blume de Barcelona la función de entrenador de natación y de salvamento acuático deportivo, así como de formador de socorristas acuáticos, y mis entrenos solían coincidir con los del equipo de natación sincronizada de Anna Tarrés. Si su entreno era posterior al mío, muchas veces me quedaba a verlo, pues dicho deporte me tiene enamorado por su plasticidad, dificultad y dureza. Y tengo que decir que nunca observé ni el más mínimo desprecio, insulto o intento de faltar a nadie por parte de Anna Tarrés. Ella vive con pasión su profesión y creo que es una gran profesional; yo no tengo ningún vínculo, ni profesional ni de amistad, con Anna, por lo que mi opinión es totalmente desinteresada. Si Anna fuera de otro país sería una persona reconocida y valorada por todo lo que ha conseguido. Ánimo, Anna: si no te quieren aquí seguro que en muchos países estarán encantados de contar con tus aportaciones profesionales.
Si quiere debatir sobre este tema, escríbanos a cartalector@elperiodico.com