Acabo de llegar del anillo olímpico, algo emocionado y triste. Hubiera sido fácil volver a encender la ilusión olímpica en el estadio de Montjuïc. Han pasado 20 años, pero los sentimientos siguen intactos. Llevo ese mismo tiempo viendo que no se hace ni una fiesta, ni una simple apertura de puertas del estadio... Los primeros años se encendía el pebetero, pero ahora, ni esto. Yo fui uno de los trabajadores del COOB'92 que vivió en Montjuïc más de 100 horas semanales durante 10 meses, movido no por un sueldo, sino por una gran ilusión. Esa emoción la llevo siempre conmigo, pero la tristeza por el poco reconocimiento de las instituciones, también. Habría sido una buena iniciativa abrir el estadio, encender el pebetero y emitir un vídeo de la ceremonia inaugural para que los que participamos hubiéramos podido explicarlo y compartirlo con nuestras familias. Pero, por encima de los políticos, nuestra Barcelona no olvidará nunca el esfuerzo incondicional que hicimos.