En la Alemania nazi, si un soldado se negaba a disparar en la nuca a un judío, era ejecutado inmediatamente ante el resto de la tropa. Era la política del terror. En los últimos años, ningún empleado de banca o caja ha sido ejecutado por negarse a seguir el guion. Otra cosa son el 'mobbing', el desplazamiento, la degradación, la desacreditación profesional o el escarnio público en las reuniones a los que nos han sometido. Pero no nos han ejecutado. Los trepas, los inmorales y los empleados con poca conciencia, en cambio, eran los "empleados del mes" de quienes debíamos tomar ejemplo y que, además, cobraban suculentos bonos y hacían ganar mucho más a los superiores que, en un estilo más propio de tiempos pasados (o no), mandaban a la 'tropa'. Vergüenza me da ver cómo muchos se quieren esconder ahora tras la obligación de acatar las órdenes, y siento tristeza por las familias que sufren por haber confiado en malas personas. Vergonzosa también ha sido la actitud de la mayoría de sindicatos, plenamente conocedores de lo que se estaba cociendo. Y ahora quieren dar lecciones y levantar banderas... Señores, la dignidad no debería tener precio y, si nos paramos a pensar un poco, nos daremos cuenta del poder que realmente tenemos las personas. Y disculpen mi indignación, pero 30 años intentando hacer una tarea responsable no merecen otra actitud.