La autoridad no es más que el poder aceptado, reconocido y legítimo de una persona en razón de su subordinación a las normas del derecho y el programa con el que se ha presentado a las elecciones. Así pues, los ciudadanos tenemos el derecho a discrepar de lo que se hace o de lo que no se hace. Todo el mundo es consciente del enorme presupuesto que se ha malgastado en obras faraónicas. Ahora el país está pelado: no hay dinero y las consecuencias de este desbarajuste las sufrimos nosotros. Toda esta 'diversión' también ha ocurrido en Catalunya, donde se malgastado de todo y más. Señor Mas, estoy de acuerdo con el pacto fiscal, pero con la condición de limpiar toda la suciedad que tenemos aquí, en nuestra casa, comenzando por los cientos de empresas públicas llenas de altos cargos que nadie sabe para qué sirven y que se llevan una morterada en sueldos cada mes. Usted, que se mueve mucho en helicóptero, habrá visto la cantidad de polideportivos que hay en cada pueblo de las diferentes comarcas de nuestra tierra y que únicamente se utilizan una o dos veces al año; imagínese el gasto que supone mantener estos inmuebles en pueblos de cuatro casas mal contadas. Y el sueño de la estupidez humana llega hasta el extremo de construir bloques escolares para no más de ocho alumnos. ¿Quién debe poner coto a ese desenfreno derrochador? Nosotros, los ciudadanos, que somos los que pagamos los platos rotos y las barrabasadas de los políticos. A nosotros nos corresponde hacer la crítica.