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Me dirijo a los economistas Paul Krugman, Roubini, Edward Hugh, Jonathan Tepper y Xavier Sala. Con todos los respetos a sus conocimientos económicos, me recuerdan a aquellos que en el año 1.000 profetizaban el final del mundo. Y sus opiniones van erradas. Dejen de asustar a la gente de la calle, que lo único que consiguen es deteriorar el consumo interno del país. Antes de opinar de nuestra economía y de nuestros bancos (que están mejor que los de sus países, pues ya les tuvieron que inyectar ingentes cantidades de dinero), hablen más con la gente en pueblos y barrios de las ciudades y se darán cuenta de que somos personas trabajadoras y responsables, y de que si hemos salido adelante a lo largo de la historia con pésimos gobernantes, también lo haremos ahora. En cambio, les recomiendo que hablen de la solvencia de los bancos franceses y alemanes, pillados por la deuda griega y la burbuja inmobiliaria de los países del este donde invirtieron. Hablen de EEUU, con sus estados en quiebra y sus bancos con poca solvencia. Hablen del desprestigio de las empresas anglo-americanas de valoración y de auditoría. Y si alguien ha de salir de la UE, es Gran Bretaña, que quiere y no quiere estar y solo mira los intereses especulativos de la City. En definitiva, que quien sabe de economía es el dueño de la tienda de comestibles de mi barrio, que lleva 70 años abierta, continúa trabajando y anticipó la burbuja inmobiliaria en el 2006.