Hay una paradoja que ningún alto dirigente se atreve a plantear por miedo a sus consecuencias. Los recursos del planeta son limitados, en pocas décadas el petróleo no podrá abastecer a todos los mercados, la pesca salvaje va imponiendo sus números y cada día la plaga humana está más cerca de su techo de carga. A pesar de esto, todos los gobiernos mantienen un discurso contradictorio: cuando muera esta crisis volveremos a crecer en producción, consumo y economía. Con menos recursos y con más personas, se me hace increíble tal creencia. Todo individuo sensato sabe que hay que proteger el planeta, regular la explotación de los recursos y consumir menos para procurar lo anterior, pero nuestros dirigentes, junto con los economistas neoliberales, solo hablan de crecimiento, como si la madre Tierra fuera una diosa infinita. ¿Acaso no es eso una religión? Predican algo sin fundamento y algunos confían sin razonar. Si influyes a tu pueblo bajo la batuta del bien, orientas; si haces lo contrario, manipulas. Se nos dice que los recortes en favor de los bancos, con inyecciones de capital a los arruinados y con intereses de nuestra deuda a los ricos, favorecerán el crecimiento económico, lo que ayudará a que vuelvan el bienestar social, el trabajo y los créditos fáciles. Mienten: el modelo anterior caducó y la malicia o la mediocridad gobierna nuestro Estado. En el 2009 Montilla animó a consumir para que la economía se recuperase. ¡Qué iluso! Sobre todo con la caída del trabajo y de los sueldos, que ya se producían. ¿Ven el engaño o la mediocridad?