Tenemos un problema importante con el empleo de la juventud en nuestro país. Como los expertos nos dicen que tardaremos años en crear empleo neto, deberíamos reflexionar sobre qué podemos hacer para no perder a toda una generación de jóvenes bien preparados. En Alemania trabajan con el plan Kurzarbeit, que reduce el horario laboral y al que se han acogido más de 60.000 empresas desde la crisis del 2008. Se salvaron cerca de 500.000 puestos de trabajo durante la recesión alemana. El doctor Jean-Yves Boulin, sociólogo e investigador del Centro de Investigación Científica de Francia, asegura que existe una relación inversa entre la duración de la jornada laboral y la productividad, y que una buena fórmula sería una jornada laboral de 30 horas semanales (en dos turnos de seis horas cada uno), lo que potenciaría el acceso al mercado laboral de las personas que están excluidas, aumentaría el empleo y favorecería la inteligencia colectiva. La mayor parte de los jóvenes tienen ganas de trabajar y están preparados para hacerlo, pero necesitan oportunidades. Una solución sencilla consistiría en promover convenios entre universidades, empresas privadas y administraciones para, a cambio de reducir algunas horas el trabajo de sus empleados, favorecer el empleo de jóvenes estudiantes y licenciados, con prácticas remuneradas, limitadas a seis meses o un año, en horarios reducidos de seis horas. Podrían ser los técnicos y directivos con preparación y experiencia que necesitaremos cuando haya pasado la tormenta actual.