El 1 de julio se cumplieron diez años del establecimiento de la Corte Penal, responsable de llevar ante la justicia a los autores el genocidio, crímenes de lesa humanidad y de guerra. Su entrada en funcionamiento fue una gran victoria para las víctimas y para la humanidad. En marzo, este corte dictó su primera sentencia en la que declaró a Thomas Lubanga, líder de un grupo armado congoleño, culpable de cargos relacionados con el uso de niños y niñas soldados. También aparecieron citados en órdenes de detención diversos jefes o exjefes de estado, como el sudanés Al Bashir o el expresidente de Costa de Ivori, Laurent Gbagbo. Esto transmite un claro mensaje: nadie está por encima de la ley. No obstante, el camino que queda por recorrer es más largo que el recorrido y los desafíos en la lucha contra la impunidad persisten. El Estatuto de Roma, instrumento que creó la Corte, se ha ratificado por 121 estados, pero otros, como Estados Unidos, Rusia o China, no lo han hecho. Es hora de que todos los estados colaboren para tener una justicia internacional cada vez más fuerte. Necesitamos que todos los 'Lubangas' del mundo sean juzgados.