Trabajo de comercial del sector de la construcción. De hecho, soy el único comercial que ha quedado de la maltrecha empresa para la que trabajo. Mi reto de cada día es encontrar obras donde vender mi producto. Es fácil imaginar la escasez de obras y la pelea que representa conseguir una de las pocas que se realizan. Si consigues una y, dada la situación de solvencia tan delicada, pretendes garantizar el cobro de la venta antes de formalizarla, tienes grandes posibilidades de no llevarla a cabo, pues el cliente tiene otras ofertas que no reclaman este compromiso. Mi pretensión es fácil de entender. Mi empresa no consigue líneas de crédito de los bancos para poder comprar a los proveedores (que también se quieren asegurar el cobro y exigen la misma garantía que yo reclamo a mis clientes) ni siquiera presentando el pedido confirmado de mi cliente (que cuenta con informes positivos de empresas que aseguran el riesgo de la operación). Y eso que mi empresa ni tiene impagos ni debe ningún dinero a estos bancos a los que solicita un crédito con devolución asegurada. Qué perverso sistema, y qué inepto, el que, con la ilusoria idea de protegerse, deja de alimentar a su ganado porque no quiere desprenderse del pienso que le mantiene vivo y le hace engordar. ¿Qué va a hacer con este pienso? ¿Se lo va a comer él? Qué estúpido es el ser humano. Así nos va.