Como ya saben los lectores de EL PERIÓDICO por el reportaje publicado el 30 de octubre (¿El catedrático copión¿), después de haber sido plagiado por un catedrático resulta que el plagiador queda impune y que el "castigado" soy yo, porque tengo que renunciar a la investigación por falta de sustituto en la dirección de la tesis. Sin embargo, conviene aclarar que ninguno de estos hechos es responsabilidad del rectorado, que ha gestionado el tema dentro de los límites de sus competencias. La legislación vigente y el vacío legal en materia de doctorandos sin director por causas ajenas no son obra del rectorado. Tampoco lo es la actitud ambigua de determinados órganos administrativos, aparentemente más preocupados de evitar el escándalo que de hacer justicia. Menos aún tiene la culpa el rectorado del vergonzoso corporativismo de profesores que han hecho piña con el plagiador en lugar de apoyar la víctima del plagio. Pero eso no es todo. A lo largo de muchos años de trato con las instituciones (soy funcionario de prisiones y sindicalista y, como es mi deber, he denunciado los abusos que se cometen con los internos en los centros penitenciarios de Catalunya) nunca he conocido a personas como la vicerrectora María Teresa Anguera, quien ha actuado con un inhabitual sentido de la ética, mezcla maravillosa de humanidad y dignidad que los políticos deberían adoptar. Agradezco al rector ya dicha vicerrectora su compromiso con la transparencia democrática y la defensa encarnizada de mis intereses legítimos como alumno.