Las secuelas irreversibles que van a dejar en la climatología de nuestro país las más de 180.000 hectáreas de monte que han ardido este verano no pueden dejarnos indiferentes. Cualquier incendio significa que dejarán de emitirse, a través de las hojas de árboles y arbustos, las toneladas de oxígeno que generan en su proceso de respiración; que se reducirá la humedad medioambiental; que el descenso de la pluviometría será muy remarcable y que, progresivamente, la sequía irá transformando nuestros paisajes en espacios desérticos y yermos. Mientras la justicia siga siendo débil y no imponga fuertes castigos a los causantes de tanto daño, nuestros montes seguirán ardiendo y, entre otros males, España dejará de ser el país europeo más rico en ecosistemas.
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