Pedir justicia social es algo que hoy en día está en auge. Todos queremos que nuestros derechos sean respetados y que se nos trate de manera digna. Pero ¿y los deberes? También tenemos deberes, pese a que a ciertos vecinos del barrio del Telègraf de Bell-lloc d'Urgell se olviden. Hace años que los vecinos de este barrio sufrimos un asedio continuo por parte de un grupo de conciudadanos. La calle se ha convertido en la viva estampa de una ciudad propia de un país subdesarrollado: los niños se pasean desnudos; los cerdos y caballos campan libremente por la vía pública; hay casas cerradas de las que se apropian impunemente; hogueras en las aceras durante el invierno y amenazas y coacciones a los mayores son el pan de cada día. El alboroto es insoportable, las peleas están presentes cada día y hay basura a montones por todas las calles. Y nuestros derechos, ¿dónde están? Todo esto es fruto de la connivencia del Ayuntamiento de Bell-lloc d'Urgell. Cada vez que nos dirigimos a él para hacer patentes nuestras quejas, estas caen en saco roto. Señor alcalde, ¿qué debemos hacer? ¿Nos vamos del barrio y les regalamos las llaves? Los responsables municipales aún no han entendido que la imagen que proyecta nuestro barrio no es impermeable al municipio, sino que se asocia de manera automática con la reputación de Bell-lloc d'Urgell.