En la mayoría de las empresas, tanto públicas como privadas, el autoritarismo por parte de los jefes se ha consolidado como una forma efectiva de trabajar. Este autoritarismo siempre viene impuesto por superiores de un nivel medio en la escala de la empresa, unos jefes intermedios a los se les han subido los humos y creen que la empresa no funcionaría sin su 'imprescindible' colaboración. Este autoritarismo no solo va en contra del trabajo cooperativo en un equipo de trabajadores, también influye en los ánimos individuales de cada uno de ellos. Impide la libre motivación del grupo, aporta conflictos entre iguales e impide una mejora en la empresa. Un intercambio de ideas con los jefes de una empresa es positivo y puede extraer mucho más de un trabajador que intentar imponer una idea individualista que muchas veces es insostenible, incoherente y estúpida para la mayoría de los clientes. Se ha demostrado que un clima desfavorable en el trabajo afecta al rendimiento y las ganancias de una empresa. Más del 30% de las depresiones y ansiedades generadas en el trabajo vienen dadas por un autoritarismo ilógico. Se tendría que concienciar a todos los jefes y a la gente que tiene personal a su cargo para que hicieran cursos de humildad, de conversación, para escuchar y para crear comunicación entre ellos y su personal. Una compañía próspera es aquella que no tiene divisiones internas, en la que todos son uno y donde nadie puede imponer sus criterios por muchos títulos o poder que tenga.