Trabajo en un hospital público: ocho horas de trabajo intenso y sin interrupciones, por el que percibo 1.100 euros mensuales, complementado con un servicio de comedor parcialmente subvencionado. Tras varios recortes y congelaciones, ahora se se quedan con mi paga extra y con la subvención del comedor. Pues bien, ya no admito más robos y exijo el cese de este tipo de delincuencia institucional. Limiten, en cambio, el número de vagos electos, supriman los abusivos gastos de representación, dietas, ayudas y subvenciones, y gobiernen por el bien de la sociedad a la que deben defender. Y con lo que les quede, paguen, hasta donde llegue, esa deuda contraída con sus excesos, corrupción y mal gobierno.
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