El incendio del Empordà deja en evidencia, una vez más, el poco interés que las autoridades del país -de un color y del otro- han tenido siempre en la gestión forestal. Mañana todos serán los abanderados de la protección de los bosques, pero es decepcionante ver cómo, pasados los veranos, dan la espalda a un sector, el forestal, que padece una crisis crónica desde hace décadas. Entre los agentes implicados del sector agrario existe consenso sobre cómo evitar estos incendios imparables: la extinción no puede hacer olvidar la prevención. Los incendios seguirán existiendo, pero para evitar que se conviertan en grandes y destructivos hay que atacar las causas: romper la continuidad de los bosques y evitar la acumulación de combustible. En definitiva, recuperar la actividad forestal. Es necesario que la administración encuentre fórmulas para impedir el creciente abandono de los bosques. Hay una idea clara de la estrategia que se ha de seguir y hay que ponerse a trabajar durante todo el año para adaptar el paisaje forestal en los riesgos de los incendios. Tenemos gente preparada y buenas ideas. Solo falta el empujón decidido de la política.