El domingo 22, la noche llegó al Empordà mucho antes de que se pusiera el sol. El humo, la ceniza y el olor a tierra quemada saturaban nuestras almas de desolación e impotencia. Solo nos faltaba, ante los recortes y la reducción de derechos y servicios, que se nos quemara lo más preciado: nuestro patrimonio natural. Por desgracia, no es la primera vez que arde el Alt Empordà. Esta vez el incendio ha arrasado la excepcional zona de La Garriga, paraje muy querido por la población que, desde hace años, pide al Consell Comarcal de l¿Alt Empordà que lo proteja. Una vez más la administración pública ha llegado tarde. Hace 26 años ya hubo uno de los peores incendios que ha vivido el Empordà y ahora revivimos la misma situación. ¿No hay manera de evitarlo? La prevención es mucho más necesaria que las sirenas. Eso sí: luce menos. El Govern también aprovechó para lavarle la cara a Abertis, diciendo que se levantaban las barreras del Túnel del Cadí para facilitar el paso a la población. Gracias. Ahora bien, había más opciones: el Coll d¿Ares, la Collada de Tosses, incluso el coll de Banyuls, que estuvo abierto toda la tarde. Curiosamente, el domingo por la mañana había habido concentración del movimiento #novullpagar en el Túnel del Cadí. Y, ahora, que a nadie se le ocurra impulsar la reactivación económica de las zonas quemadas permitiendo hacer cambios de usos del suelo. La verdadera riqueza de nuestra comarca es su paisaje, su patrimonio natural y su gente. Y a las personas, profesionales y voluntarias, que colaboran para proteger este tesoro, mi más sincero agradecimiento.