Durante más de 25 años mossèn Ignasi Forcano se ha hecho cargo de la parroquia de Sant Pau de Girona, y siempre ha transmitido a los fieles, representados por el consell parroquial, la alegría de vivir en comunión y la esperanza de una fe renovada. El sacerdote cumplirá 75 años y, como está establecido, ha presentado la dimisión al obispo, quien podía no aceptarla. No lo ha hecho, y mossèn Ignasi, que está en plenas facultades físicas y mentales, con fuerza, ilusión y energía para seguir su labor en su comunidad, deberá irse. La decisión es extraña porque hay más de 30 sacerdotes con más de 75 años en activo en Girona. Más de 1.000 firmas pidiendo que el mossen continúe en Sant Pau avalan la manera de entender y celebrar la comunión como un hecho integrador, con un discurso llano y participativo. La Iglesia es una, pero también es diversa, y no puede ser monolítica ni con una severa ortodoxia alejada de nuestros tiempos. El obispado tiene interés en silenciar las diferentes maneras de vivir el Evangelio. Es una lástima y una gran pérdida.