La playa de Pals, en Girona, constituye un paraje que está rodeado de zonas protegidas y reservas naturales (Illes Medes, Negreres, Radio Liberty y Basses d¿en Coll), con un agua de tono verde azulado y a través de la cual se ve el fondo arenoso, con peces, medusas... Como cabría esperar, la transparencia varía según el oleaje, las corrientes, las lluvias o el caudal del Ter. Y esto ha sido tanto en invierno como en verano hasta hace un par de años. En el mes de julio la cristalina agua marina dio paso a un líquido de sorprendente color -entre sopa de espinacas y caqui con reflejos anaranjados. Es un agua opaca, de densidad extraña que recuerda a aquellos experimentos infantiles al mezclar tierra, limpiador verde de aroma de pino, cosméticos, refrescos de cola y naranja, aceite y vinagre. Por otra parte, el agua salada del mar reseca la piel y esta no. ¿Podría tratarse de ungüento de protección cutáneo con un novedoso sistema de aplicación masiva e indiscriminada? En cualquier caso, es repugnante y la mayoría de usuarios evitamos el baño. Señores de las administraciones, investiguen qué ocurre y busquen una solución.