Llevo más de 14 años dedicándome a la educación social con jóvenes de riesgo en una ciudad del extrarradio de Barcelona, y debo decir que esta ciudad no tiene demasiado que envidiar a Sant Cugat en cuanto a políticas y acciones sociales en el ámbito de la juventud. Es impresionante la cantidad de adolescentes muy jóvenes y desamparados que, en las calles de Sant Cugat, se dedican a consumir drogas, ir en moto, ensuciar los parques o increpar a los paseantes. Siempre hay quien se atreve a decir que en Sant Cugat no tenemos exclusión social, y menos juvenil, así que les invito a pasear por los bancos de la Rambla del Celler, sobre todo los del tramo comprendido entre la subida de Francesc Macià y la avenida de Torreblanca. Quisiera que el Govern, el Ayuntamiento de Sant Cugat y los partidos de la oposición me explicaran qué políticas y acciones concretas de educación en la calle se están aplicando y cómo se coordinan en el Ayuntamiento policía, juventud, cultura, servicios sociales, deportes, salud y educación. Vista la elevada cifra que se invierte en políticas sociales, quisiera saber qué parte se destina y cómo a un programa de educadores de calle que acompañen a los jóvenes en riesgo de la ciudad. Respecto a los equipamientos de la Casa de Cultura y el Casal de Joves Torreblanca, quisiera advertir de que en el siglo XXI los centros polivalentes trabajan la proximidad y salen a buscar a estos jóvenes en vez de esperar que sean ellos los que acudan, para incorporarlos a la sociedad y evitar condenarlos a ser futuros dependientes o delincuentes.
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