El acto cometido por el señor Sánchez Gordillo, alcalde y diputado, no tiene solo un carácter simbólico que abre un debate sobre la riqueza y la pobreza, como opinan en su partido. Ese debate es tan viejo como la humanidad misma y, desde el punto de vista moral, seguirá abierto hasta el fin de los tiempos. Además, la dura crisis económica que padecemos no puede justificar, de ninguna manera, el asalto a un supermercado con el pretexto de ofrecer los alimentos robados a los necesitados, ya que existen diversas entidades de gran arraigo social que se ocupan de impedir que la gente muera de hambre, como los bancos de alimentos -que cada día distribuyen gratuitamente centenares de toneladas de alimentos procedentes de donaciones de las propias grandes superficies, así como de excedentes de las empresas alimentarias y de ayudas de la más diversa procedencia- o Cáritas -ejemplo vivo de solidaridad, en la que trabajan miles de voluntarios. El señor Sánchez Gordillo, que vive de un sustancial sueldo pagado por los contribuyentes -entre ellos están las empresas que ha asaltado-,no ha dado precisamente un ejemplo de honradez y solidaridad.