La mayoría de los investigadores tienen una característica en común: después de presentar muchos papeles, pueden conseguir una beca, que, con suerte, ronda los 1.000 euros mensuales. La minoría la componen aquellos que, pese a presentar papeles, no han tenido tanta suerte y no reciben ninguna ayuda. Son la minoría no porque no tengan capacidad investigadora, sino porque hay que vivir, y para vivir se necesita dinero; así las cosas, o son hijos de papá o tienen que trabajar, y trabajar e investigar a la vez implica dedicar todos los fines de semana a la investigación, además de unas cuantas horas entre semana, que se suman a las habituales del empleo remunerado. Esto quiere decir trabajar mucho y dormir muy poco. Los científicos lo hacen así porque la investigación les gusta y les interesa, pero no hay que olvidar que se hace en el seno de una universidad, lo cual significa cobrar un dinero. Y aquí surge la gran sorpresa de este año. Las tasas de tutela académica (es decir, lo que se paga para que alguien te dirija la tesis, condición indispensable para poderla hacer) ha pasado de valer 100 euros anuales a 500. Casi tanto como un curso académico en la universidad. ¿A qué se debe este incremento tan enorme? ¿En qué piensan los señores del Govern para autorizar este aumento? Y además en tiempo de crisis. ¿Es normal que un investigador cobre solo 1.000 euros? Entonces, no digamos que queremos ser un país puntero en investigación; no me hagan reír. Sale más a cuenta cursar un módulo profesional y entrar en el mercado laboral con 20 años, que esforzarse para acabar una carrera para ser doctor a los 30 años, después de malvivir, e ir directo a la lista de parados.