Después de la fenomenal paliza propinada a los activistas canarios pro-saharauis en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos (según contaron, les dieron patadas incluso dentro del coche de la policía), el presidente dijo el otro día, en China, que todo iba a seguir igual, pues hay importantes intereses que tienen que ser salvaguardados. Cuando habla de estos intereses, me imagino que se refiere tanto a la venta de material militar español a Marruecos como al expolio de los caladeros pesqueros saharauis. Lo que no sé es en qué medida valora el presidente del Gobierno que está ayudando a un país que, además de no respetar los derechos humanos, ejerce un peligroso nacionalismo expansionista. También quiero recordar que fue la Francia de la ¿igualdad, libertad y fraternidad¿ la que impidió, ejerciendo su derecho de veto en la ONU, que este organismo se encargara de velar por el respeto de los derechos humanos en el Sáhara. Y, recientemente, el Gobierno italiano ha saldado con el Gobierno libio la deuda histórica que tenía y le ha dado un montante elevado de dinero. El Gobierno español, en cambio, en vez de saldar la deuda histórica que tiene con el Sáhara, hace suyas las tesis de Marruecos.