Se han reconocido históricamente estrategias de ciertos grupos para licuar sus deudas privadas y disolverlas en la sociedad. Algo así se está produciendo en España: las deudas de promotores del ladrillo y de lujos de nuevo rico (empresarios, bancos, partidos políticos, altos funcionarios) han sido nacionalizadas y asumidas por las clases medias y bajas en forma de austeridad de clase. Una vez transferida la deuda privada al Estado, ¿quién se atreve a ajustar cuentas a los responsables y estimar cuánto deben? Véanlo en los juicios a los Bárcenas, Rato, Camps, Blanco, Millet... Asistimos ahora a la segunda gran licuación de responsabilidades. Ante el engorde de la deuda pública, el fondo de reserva de la Seguridad Social se está destinando a comprar deuda española. Los golosos del ladrillo y los que se enriquecieron maldirigiendo empresas o gobiernos no solo nos arrancarán el hoy, sino también el mañana: el nuestro y el de nuestros hijos. Y lo harán habiendo licuado y disuelto sus responsabilidades en la sociedad. ¿O es que cuando no quede nada en la caja común de la Seguridad Social, alguien sabrá quién ha metido la mano? Debemos parar esto, movernos rápido y hacer que paguen los que hundieron sus manos en la caja.
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