Estaba tomando un café en la plaza del Diamant y un perro se puso a defecar ante las mesas, en medio de la plaza. Nadie vino a recogerla. Tuvo que hacerlo un camarero ante las quejas de todos. Además, el perro no iba atado. Pese a las campañas de concienciación y de las sanciones, que parecen poco efectivas, se siguen produciendo casos como este que denotan una clara falta de civismo. Tal vez habría que ser menos permisivos, ya que al parecer si no se castiga no se aprende la lección. Y dado que la sanción no produce su efecto, tal habría que buscar alternativas que dejaran en evidencia al dueño del perro para que este se pensara dos veces dejar en un lugar público las deposiciones de su animal. Ante situaciones así, cabe plantearse: ¿quién es el animal? ¿El perro o quien sujeta la correa? Si es que la lleva...
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