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HALLAZGOS DEL SIGLO XIV

El Ayuntamiento de Barcelona descubre vestigios de su origen todopoderoso

Salen a la luz pinturas góticas originales de entre 1369 y 1373 en el techo del edificio histórico del consistorio

Los decorados hallados son de la época del Consell de Cent, años de oro del autogobierno en Barcelona

Helena López

Vigas de madera en el edificio histórico del Ayuntamiento de Barcelona. / RICARD CUGAT

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Hubo un tiempo en que los 'consellers' de Barcelona tenían la osadía, que no era tal, ya que sus privilegios así se lo permitían, de no quitarse el sombrero ante el Rey. Eran los tiempos del Consell de Cent, en los que el autogobierno que Jaume I dio a Barcelona configuró en cierta manera la personalidad de la capital catalana. Algo así como la primera marca Barcelona. Unos tiempos de los que estos días se vuelve a hablar en los pasillos del palacio en el lado mar de la plaza de Sant Jaume, tras el descubrimiento de varias pinturas góticas originales del siglo XIV en uno de sus techos.

En el primer patio, nada más entrar por la (actual) puerta principal del consistorio, la que da a la plaza de Sant Jaume -en la que estos días barceloneses y visitantes practican el ya tradicional ejercicio navideño de critica al pesebre-, un andamio indica que algo pasa. A primera vista podría parecer que lo que sucede es que se están restaurando las vigas de madera del techo -como era en un primer momento-, pero esos trabajo han llevado al descubrimiento de decoraciones pictóricas de entre 1369 y 1373 que estarían relacionadas con la construcción del Saló dels Cent Jurats -el Saló de Cent- y del Trentenari medieval, esto es el recinto donde se reunían los 30 de entre los 100 que llevaban las riendas de la ciudad. Como una suerte de Parlamento y de Gobierno, salvando las distancias.

El historiador Reinald González explica lo que resulta obvio: si existen las pinturas existía el Saló de Cent, ya que están en el techo que lo sostiene, así que tienen que ser de esos años, y hechas al gusto de los 'consellers' de la época, quienes decidieron comprar varias casas en la plaza de Sant Jaume -cuando esta todavía no existía- para construir su propio palacio en el centro de la ciudad, tras pelearse con el clero por una cuestión de poder, como siempre (hasta la construcción del primer ayuntamiento los 'consellers' se reunían en el convento de Santa Caterina).

"Una decoración que dice mucho de la época"

Entre los hallazgos bajo las pinturas actuales, de finales de 1929, hechas en el marco de la construcción del edificio actual, destacan las figuras de rombos con motivos heráldicos inscritos: unos con cuatro barras rojas sobre fondo dorado para el escudo real, y otros partidos en cuatro, en los que se combinan las cuatro barras -dos arriba y dos abajo- con la cruz de Sant Jordi, de color rojo y sobre fondo blanco o plata, para el escudo de Barcelona. "Una decoración que dice mucho de la época, en la que tan importante era el escudo real como el de la Casa de Barcelona", señala González bajo los pequeños fragmentos encontrados. De ahí lo de no quitarse el sombrero ante el rey.

'Mare de Déu dels Consellers' de la Capella del Bon Govern / EL PERIÓDICO

Además de los escudos, los trabajos de restauración han permitido conocer con exactitud la ubicación de la que se conocía como Capella del Bon Govern, donde se encontraba la icónica pintura de Lluís Dalmau 'Mare de Déu dels Consellers' (como curiosidad, las baldosas que aparecen dibujadas en la obra de Dalmau sirvieron de patrón para las baldosas elegidas para la reforma del actual Saló de Cent). En la famosa obra se ve a los ediles con la característica toga roja con la que vestían los poderosos 'consellers' de la época, toga que se les prohibió usar tras la derrota de 1714, con el Decreto de Nueva Planta, como forma de despojarles de todo poder, también en apariencia. En ese momento dejó de usarse también la capilla.

Tras desaparecer la del Bon Govern, no volvió a haber una capilla en el consistorio hasta la época de Porcioles, que se hizo construir a su medida la capilla actual  -también en desuso-, en la que se hizo hacer una estatua con su cara.

"Nada es casual. Se trata de un hallazgo fruto de un trabajo colectivo y de una voluntad. Hasta ahora no se había encontrado la capilla porque no se había buscado", reivindica González. "La inscripción de JHS prácticamente no deja lugar a dudas. Aquí estaba la capilla", subraya el historiador señalando la inscripción, antes de apuntar otra anécdota: la que se conoce como galería gótica en realidad no lo es.

Pequeñas, pero muy bien conservadas

"Aunque por ahora muy pequeñas, las pinturas encontradas conservan muy buena calidad cromática; ahora valoraremos la posibilidad técnica y el coste económico de recuperar completamente la pintura original en un futuro proyecto de restauración. Estamos ante una joya histórica y patrimonial", señala la teniente de alcalde Janet Sanz.

González, a su lado, termina la presentación apuntando que tras el 1714, el poder de la ciudad -que vivió su época de esplendor cuando se realizaron estas pinturas- "no volvió a ser el mismo". "Durante el bombardeo de Barcelona por parte de Espartero en 1842 [este domingo se cumplieron 175 años], cayó una bomba en el Saló de Cent, que estuvo dos días ardiendo sin que nadie lo apagara", concluye.

De otras vigas y patios de los 'tarongers'

Además de las vigas en la planta baja del Ayuntamiento de Barcelona, estos días en proceso de restauración, existen otros palacios de la misma época en la ciudad con techos por los que merece la pena alzar la cabeza. El historiador Reinald González apunta al palacio de la calle de Montcada que acoge el Museu Picasso. "Las obras de Picasso eclipsan el edificio, pero sus vigas son auténticas joyas", señala el experto, quien recomienda también otro palacio en el 15 de la calle de Lledó, aunque este último no puede visitarse al estar en una propiedad privada. 

González recuerda asimismo que en la época en la que se pintaron esas vigas, la entrada principal del ayuntamiento estaba en la calle de la Ciutat, y el consistorio tenía también su patio de los 'tarongers', al que los 'consellers' salían a meditar.    

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