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Ola de fraudes en Barcelona con el realquiler ilegal de pisos a turistas a través de Airbnb

Tres propietarios denuncian a una red que alquila las viviendas a nombre de la misma persona

Los estafadores logran beneficios de hasta el 500% con el subarriendo

Carmen Jané Patricia Castán

La denuncia de Montse Pérez destapa alquileres fraudulentos en la plataforma Airbnb. / FERRAN NADEU

Alquilar su propio piso para recuperarlo
Propietarios de un piso alquilado por un falso inquilino que lo realquila a través de Airbnb.

Barcelona

Al menos tres propietarios han denunciado que sus pisos están siendo alquilados ilegalmente a turistas a través de la plataforma Airbnb por un mismo inquilino con quien habían suscrito un contrato de alquiler. La liebre la levantó Montse Pérez, propietaria de un piso en la Barceloneta que resolvió contratar una estancia en su propio piso y denunciar el caso desde dentro tras ponerse en contacto con la plataforma y que le ofrecieran como única solución "mediar ante el anfitrión", según explica.

Al menos otros dos propietarios han denunciado que sufren un caso idéntico, uno en el Raval y el otro también en la Barceloneta, con el mismo individuo, un joven ruso-chileno que se presentaba como "asesor financiero" de paso durante unos meses por la ciudad y que probablemente trabaja en complicidad con una red que explota las viviendas.

Tras la difusión del caso de Montse Pérez, que publicó este jueves 'La Vanguardia', Airbnb retiró el anuncio y recolocó a los turistas que ya habían apalabrado el piso para estos días, pero no ha hecho nada en los otros dos casos, según los propietarios afectados, que denuncian haber recibido la misma respuesta de ofrecer su "mediación con los anfitriones".

El abogado de Pérez, Alejandro Vilà, ha interpuesto una demanda civil para intentar cancelar el contrato de alquiler, en el que consta expresamente una cláusula que prohíbe que "se subarriende, se realquile o se utilce como apartamento turístico", explica. Además, la propietaria denunció ante el Ayuntamiento de Barcelona el uso turístico de su piso, que no cuenta con licencia, para "evitarse así una posible sanción", explica. El consistorio, que este mismo jueves envió unos inspectores a la finca, ya ha anunciado que la multa recaerá contra el inquilino y no contra ella.

RENTABILIDAD DEL 500%

Pérez y su marido, Jorge, explican que descubrieron el uso ilegal del apartamento cuando intentaron que el inquilino con el que habían firmado un contrato se hiciera cargo de la domiciliación de los recibos de la luz. "Me contestó que estaba en el extranjero y que no sabía cuándo iba a volver, lo que nos alarmó mucho. Entonces pasamos por delante del piso y vimos toallas colgadas que no eran las que habíamos dejado nosotros y al preguntar a los vecinos nos explicaron que no hacían más que entrar y salir gente con maletas", recuerda Jorge, a quien ya no le coge el teléfono. 

El alquiler no era barato, unos 950 euros al mes por un apartamento de menos de 30 metros reformado con gusto, pero sin ascensor y con una escalera decrépita. En Airbnb, como demostró la propietaria cuando lo alquiló para la noche del miércoles al jueves, "en el único día que había libre del mes de junio", explicó, se cobraba a unos 200 euros, comisión de la plataforma y gastos de limpieza incluidos. En cifras, quienes realquilaban su piso han sacado solo este mes unos 6.000 euros, lo que supone un retorno de la inversión de más del 500%.

AMENAZAS A LA PROPIETARIA

Pero otros dos propietarios se han visto en una situación similar, con un contrato a nombre del mismo inquilino. Es el caso de Eva (nombre ficticio, a petición de su abogado), que alquiló un piso a través de una agencia inmobiliaria que le presentó a un inquilino que ha resultado ser el mismo que el de Montse. En su caso, el pasado abril pagó el mes y la fianza, pero desde mayo no han vuelto a saber nada de él.

El mes pasado, un vecino de la finca la alertó del trasiego de turistas. Alarmada, Eva acudió al piso y se encontró a una turista instalada, quien avisó a la supuesta anfitriona que había realizado el alquiler por días a través de Airbnb, una tal Victoria, que le dijo que no dejase entrar a la propietaria. "La chica no quería problemas y agarró su maleta y se fue, dejando las llaves dentro".

Al cabo de unas horas regresó con una persona de la inmobiliaria que hizo el arrendamiento original y para entonces el piso ya lo ocupaba un argentino, que se avino a razones, "incluso a testificar llegado el momento", y dejó el piso tras contactar con Airbnb. Pero cuando Eva y su marido volvieron más tarde a comprobar si el piso estaba vacío, apareció "un ruso corpulento" que entró en el piso. Ellos se colaron dentro también temiendo que el individuo pretendiera “okupar la vivienda”, defendiendo su patrimonio.

Llegó entonces un segundo ruso que decía tener poderes notariales sobre el piso, igualmente de aspecto amenazante, y se produjeron fuertes discusiones y zarandeos. Avisaron a los Mossos, se cursó la denuncia y los dos individuos afirmaron que al día siguiente devolverían las llaves. Pero eso nunca sucedió. Desde entonces Eva, que también denunció el caso a la Guardia Urbana, ve entrar y salir viajeros de su piso acompañados por uno u otro ruso.

DENUNCIA EN EL RAVAL

El piso sigue anunciado en Airbnb a 196 euros por noche en agosto y casi lleno de reservas hasta septiembre, según ha podido comprobar este diario. Pero la propietaria no se ha atrevido a tratar de recuperar el piso, por indicación de su abogado. "Ya no nos ha pagado junio, pero legalmente no podemos cambiar la cerradura, es desesperante", cuenta. También han denunciado el caso en el juzgado y ante el ayuntamiento pero viven atemorizados porque los explotadores del piso conocen donde vive.

También el mismo inquilino ruso-chileno consta en la denuncia de otro piso en el Raval, que asimismo alquiló para realquilarlo a través de Airbnb con otros nombres en su mayoría rusos. "Era un contrato que especificaba que no se podía subarrendar y lo descubrimos a partir de la denuncia de los vecinos por los ruidos de una fiesta. Había unos turistas que nos explicaron que habían alquilado el piso a través de Airbnb", explica Xavier, el propietario, que hasta ahora ha ido cobrando puntualmente aunque sospecha que su supuesto inquilino, que tampoco le contesta, nunca ha ocupado el piso.

Otros propietarios ya habían expuesto a EL PERIÓDICO casos similares de inquilinos que realquilaban el piso a través de Airbnb, completo o por habitaciones.  

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