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Marcha contra el asedio inmobiliario en Barcelona

"Van a convertir la ciudad en un parque temático", avisa un vecino expulsado del barrio de Sant Antoni

La segunda marcha contra el encarecimiento del alquiler y los apartamentos turísticos ha reunido a casi 3.000 personas

GUILLEM SÁNCHEZ / BARCELONA

Manifestación por el derecho a la vivienda en Barcelona.

Manifestación por el derecho a la vivienda en Barcelona. / JOAN CORTADELLAS

"Van a convertir Barcelona en un parque temático". La frase es de Pau Nubiola, un artista de 56 años que lleva más de 30 años en el barrio de Sant Antoni. Recibió hace poco "el burofax" de la inmobiliaria que le informaba de que se había quedado "sin casa". Era cuestión de tiempo que le llegara su hora, hace años que ve cambiar su entorno a un ritmo frenético. Su calle se ha llenado de bares con precios que ni siquiera puede pagar. Él reside en el bloque 1-3 de la calle de Parlament, un edificio que están vaciando de familias por completo. 

En el barrio de la Barceloneta las cosas no pintan mejor. Esther Jorqueres es una socorrista de 29 años que ha vivido en este antiguo vecindario de pescadores toda la vida. De hecho, la relación de su familia con este lugar comienza con sus "bisabuelos". Como le ocurre a Pau en Sant Antoni, Esther también ha visto a muchos conocidos hacer las maletas. "En pocos años ya no quedara nadie de la Barceloneta en la Barceloneta. Se está muriendo el ecosistema entero del barrio, no solo se van los vecinos también los negocios de proximidad están desapareciendo".

Juani, 54 años, y Montse, de 61 años, son dos hermanas también de la Barceloneta que actualmente están en el paro. Residen en el domicilio de su madre, un piso minúsculo por el que pagaban un alquiler de 113 euros. Con el fallecimiento de esta, han perdido el contrato y el propietario quiere desprenderse del piso; "pide 125.000 euros que no tenemos". 

ALQUILER Y APARTAMENTOS TURÍSTICOS 

El problema que se vive en la Barceloneta y en Sant Antoni -y en el resto de la ciudad a velocidades diferentes- es que Barcelona se ha convertido en un reclamo turístico tan poderoso que interesa hacer negocio con las casas que los vecinos necesitan para vivir. "Las empresas están comprando bloques enteros y hacen 'mobbing' a los inquilinos que todavía aguantan", denuncia Jorqueres. 

No está revelando nada nuevo. El fenómeno de la centrifugación vecinal es tan conocido como difícil de solucionar. Precisamente por eso entidades como la Plataforma de Afectados por al Hipoteca (PAH), la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FABV) o el Sindicat de Llogaters, han protestado por el distrito de Ciutat Vella -núcleo gentrificado por excelencia- para exigir medidas contra el encarecimiento de los alquileres y la invasión de los pisos turísticos. El Ayuntamiento de Ada Colau, que ha bendecido la protesta, ha optado por no participar institucionalmente. 

La marcha, que ha reunido entre 2.000 y 3.000 personas, ha comenzado a las 18.40 horas en la plaza Universitat. Con el lema "Barcelona no está en venta", esta ha sido la segunda movilización convocada para la causa. En Poblesec, un grupo de activistas ha okupado un edificio, ubicado en el pasaje Poeta Cabanyes, que, según han afirmado, lleva "8 años vacío". El objetivo ha sido "recuperarlo como espacio público" y convocar "este lunes a las 19.00 horas" a todos los responsables políticos "para que expliquen por qué nadie ha actuado para impedir que un bloque de seis plantas esté cerrado mientras hay tantas personas que tienen que irse de la ciudad", han protestado. 

"MEDIDAS URGENTES"

"Necesitamos medidas urgentes para combatir la colonización inmobiliaria de buitres que expulsarán a todos los vecinos. Barcelona necesita que bajen los precios del alquiler y que crezca mucho más el parque de pisos de protección oficial", ha reclamado el portavoz de la PAH, Carlos Macías.

Lourdes García, portavez del Sindicat de Llogaters, reclama una modificación de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU) para que los contratos se alarguen. Actualmente son solo de tres años. "Una familia no puede establecerse en ese tiempo, no puede estar haciendo las maletas cada dos por tres y cambiando a los hijos de escuela", razona. 

Francesco, un arquitecto de 37 años, y su novia, Silvia, médico de 34 años, son italianos que llevan una década en Catalunya. Han intentado cambiar de piso para acercarse al trabajo de ella pero ha sido imposible. "Tenemos buenos trabajos con sueldos decentes pero nos piden barbaridades por espacios muy pequeños". Los dos recuerdan bien cómo se vació el centro de la capital de su país, Roma, y coinciden en que Barcelona va en "la misma dirección". 

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