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Berlín

"Las medidas para frenar los alquileres en Berlín no funcionan"

Muchos berlineses consideran insuficiente la legislación para frenar la especulación

ISIDORA MONTALBA VERGARA / BERLÍN

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Julian Gabrysch, en su domicilio de Berlín.  / periodico

Berlín parecía tener el título indiscutido de ser una de las capitales europeas con alquileres más asequibles, pero hoy, la sombra de la especulación inmobiliaria amenaza el bolsillo y alarma a los ciudadanos.

Sólo en el 2015, el precio de las transacciones de inmuebles aumentó en un 51%, según los datos del Gobierno alemán. Precisamente ese año, el Parlamento impulsó una de sus principales medidas para hacer frente al alza de los alquileres: estableció que el aumento en los nuevos contratos no podría superar el 10% del precio promedio de la zona.

Aunque el Ayuntamiento de Berlín acogió rápidamente esta normativa, sus habitantes la cuestionaron con la misma velocidad, ya que los inquilinos, especialmente aquellos de sectores más vulnerables, denuncian desventajas frente a los gigantes inmobiliarios con hambre de ganancias.

MEDIDAS SIMBÓLICAS

Julian Gabrysch es uno de los alemanes descontentos con esta situación. Este estudiante de medicina pagó 833 euros de alquiler el primer mes (sin gastos incluidos). Hoy, tres años más tarde, desembolsa 906 euros por vivir en el mismo lugar. “La legislación actual es sólo simbólica y todos sabemos que no está funcionando”, asegura.

El joven comenta que el apartamento en el que habita fue originalmente una vivienda social construida tras la caída del Muro y, al pertenecer a esta categoría, no queda protegido ante la ley. “No he visto ningún cambio positivo. Creo que ninguno de los edificios de mi vecindario se ha visto beneficiado y no veremos un efecto que nos ayude”, asevera.

Afortunadamente, Julian puede costear los incrementos, pero no todos los ciudadanos tienen la misma suerte. Muchos se ven forzados a abandonar los barrios de toda la vida y son testigos de cómo la gentrificación agrieta las comunidades. Por otro lado, quienes recién se mudan a esta urbe, ni siquiera piensan en vivir en distritos como Friedrichshain-Kreuzberg o Prenzlauer Berg, hace unos años más asequibles, dado que los precios se han disparado.

40.000 PERSONAS MÁS AL AÑO

Las cerca de 40.000 personas que llegan anualmente a Berlín -sumados al más de un millón de refugiados acogidos hasta la fecha-  se han convertido, sin quererlo, en la excusa perfecta para aumentar las concesiones de obras para viviendas, mientras los sueldos siguen estancados.

Alemania es, de hecho, el cuarto país a nivel mundial donde el precio de la vivienda ha crecido más rápido en relación al salario de sus ciudadanos, según el  Fondo Monetario Internacional (FMI).

Lo cierto es que la capital se ve cada vez más abatida por la llegada de inversores e inmobiliarias que vienen, literalmente, a desplazar la composición demográfica. Los recién llegados tardan meses en encontrar un alquiler a precio razonable, y aquellos que han vivido toda su vida en esos lugares, ya empiezan a preparar las maletas.

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