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TESORO MENOSPRECIADO

Barcelona tira a la basura el icónico rótulo del cine Urgel

La empresa Balañá abandonó en un contenedor el carismático letrero, diseñado como la sala por Antoni Bonamusa

Ni el ayuntamiento ni ninguna institución han movido un dedo para salvar este patrimonio de la década de 1960

Cristina Savall

El cine Urgel en 1982, con E. T., el extraterrestre de estreno.  / ALBERT RAMIS

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Barcelona

Urgel Cinema. Once letras blancas sobre hexágonos negros dieron vida al rótulo sobre la marquesina de la sala durante medio siglo, han terminado en un contenedor de basura, al igual que la mayoría de las 1.832 butacas rojas. Muchos barceloneses hicieron cola ante este letrero iluminado para ver de estreno 'Lawrence de Arabia", de David Lean; 'La muerte tenía un precio', de Sergio Leone, y más recientemente, para la reposición de mitos del cine comercial, como "Tiburón', 'Alien' y 'En busca del Arca Perdida', que se programaron en el 2010 dentro de la cita cinéfila convocada una vez al mes por Phenomena, que desde hace tres años ya tiene sala propia en la Sagrada Família.

El cine Urgell, que era propiedad del Grupo Balañá, cerró en mayo del 2013 debido a la falta de rentabilidad de la sala, que se inauguró el 20 de septiembre de 1963 como una de las más grandes de Europa. Y murió como un dinosaurio: seguía siendo el cine con más aforo de Barcelona. El recinto, con su vestíbulo y sala de proyección, ya ha sido demolido. A finales de este año, está previsto que finalicen las obras para que el inmueble albergue un supermercado de la cadena Bonpreu, sobre el que aflorará un nuevo interior de manzana, delimitado por las calles del Comte Borrell, Urgell, Sepúlveda y Floridablanca.

"Solo guardamos cuatro o cinco butacas. Todas las letras del rótulo se tiraron y el resto de asientos, también", asegura un portavoz de Balañá, que desconoce si alguien pudo rescatar alguno de los signos gráficos que diseñó Antoni Bonamusa Homs (Barcelona, 1929-2007) con la ayuda de Rótulos Roura, compañía que fue líder en España y Portugal en implantación de imagen corporativa, cuyo emblema era el búho de luces de neón, que todavía observa la ciudad desde una azotea de la esquina de Diagonal con paseo de Sant Joan.

Bonamusa falleció. La empresa Roura quebró. Pero Enric Mir, arquitecto y sobrino de Bonamusa, recuerda que fue su tío quién dibujó el letrero, y también quien diseñó las butacas. "Llamamos a Balañá para preguntar qué harían con el letrero. Nos dijeron que lo pondrían a la venta", explica Mir, para quien es una "lástima" que se haya perdido un "emblema" del grafismo de los años 60.

LA IDENTIDAD DE LA CIUDAD

América Sanchez es autor de 'Barcelona gráfica', un valioso catálogo editado en el 2001 con fotografías de rótulos de fachadas de comercios y de bares, anuncios, números de portales, iconografías, placas, azulejos y señales singulares. "Deberíamos hacer una denuncia. Es una barbaridad. ¿Cómo se puede tirar a la basura un rótulo como el del cine Urgel. Era un grafismo representativo del siglo XX. Tenía carisma", expone el diseñador y fotógrafo, para quien el Museu del Disseny de Barcelona hace exposiciones que son "chorradas" que "no" interesan a nadie. "Y ni se preocupan por salvar la identidad de la ciudad", subraya Sánchez.

Nacho Cerdà, director de cine y gerente y fundador del cine Phenomena, dice que él lo habría salvado todo: "El rótulo y el local". Antes de instalar Phenomena en la antigua sala del cine Nápoles, de la calle Sant Antoni Maria Claret, propuso a la empresa Balañá un proyecto para reflotar el Urgel después de colgar en varias ocasiones el letrero de "entradas agotadas" en su cita mensual con esa sala. "No me hicieron caso. La prueba de que habría sido un éxito es que Phenomena, con proyecciones diarias, funciona. Es rentable. El secreto está en cuidar las películas y entender al público", señala Cerdà, que lamenta la "triste" historia de cómo ha acabado el mayor cine de la ciudad.

Óscar Guayabero, que ha sido comisario de las exposiciones 'Gráficas ocultas' y 'Disseny per viure', considera que "la sensibilidad" de los directivos de Balañá deja mucho que desear. "Ese rótulo era muy curioso. Cada hexágono parecía un panal de un enjambre de abejas. Es una pena que no se haya valorado".

Lo que más le extraña es que la empresa no se pusiera en contacto con la Fundación Signes que hace años que promueve una convocatoria dirigida a los ciudadanos para detectar aquellos rótulos a punto de desaparecer de las calles que, por su calidad y originalidad, contribuyen a la memoria de la cultura gráfica y de la comunicación visual. "El objetivo de esta entidad con sede en L'Hospitalet es recuperar y preservar este patrimonio con la voluntad de crear un fondo gráfico que más adelante se pueda exhibir en alguna institución", cuenta Guayabero.

AUSENCIA DE MEDIDAS PROTECTORAS

Albert Serra, director de 'La mort de Louis XIV', considera que lo de quitar rótulos emblemáticos de las calles es un virus que afecta a muchos locales antiguos, no solo cines. "En el caso del Urgel, lamentablemente, ya es demasiado tarde, pero debería haber medidas protectoras. Es un error que se comete en toda España, pero en Barcelona es especialmente doloroso. Me entristece. Otras ciudades como Turín, Viena y Róterdam cuidan sus cines históricos. Aquí ya casi no queda ni una sala de mediados del siglo XX".

Demasiado grande para coleccionistas

Uno de los rótulos luminosos de la desaparecida tienda Vinçon se exhibe en un local privado del Poblenou donde el empresario Marc Martí alberga una fantástica colección de letreros de comercios desaparecidos de Barcelona y de carteles publicitarios. Martí reconoce que se acercó a contemplar el rótulo del cine Urgell cuando cerró en el 2013. "El problema es que era demasiado grande para almacenarlo", precisa. Por ello, decidió no mover ningún hilo. 

Otro rótulo de Vinçon, el de color rojo, está bajo la custodia del Museu d'Història de Barcelona, que lo exhibirá en breve en el espacio Oliva Artés. El historiador Joan Roca, director del museo, asegura que de haber sabido que el rótulo del Urgell se iba a tirar, lo habría salvado. "Se podían haber puesto en contacto con nosotros", lamenta.

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