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La monja rebelde de la familia Güell

Poeta, historiadora y mecenas, sor Eulària es una de las intelectuales de la Renaixença más olvidadas

Natàlia Farré

Sor Eulària proyectada en una fotografía de una de las salas de Dones silenciades, la exposición que le dedica el monasterio de Pedralbes.

Sor Eulària proyectada en una fotografía de una de las salas de Dones silenciades, la exposición que le dedica el monasterio de Pedralbes. / FABRIZIO CORTESI

Con 20 años rompió con el statu quo de joven aristócrata para dedicar su vida a la pobreza y la clausura 

De Mercè a Eulària. De joven de la alta burguesía a monja de clausura. Del Palau Güell al monasterio de Pedralbes. De poeta patriótica a poeta mística. Así fue el recorrido vital de Mercè Anzizu, luego sor Eulària. Una mujer de letras, cultivada y refinada con voz y escritura propia cuyo talento fue reconocido por el propio Jacint Verdaguer. Vean sino: el sacerdote, que raramente dedicaba poemas, escribió dos centrados en su figura en 'Roser de tot l’any'. Es más, se convirtió en su guía literario. También fue historiadora, mecenas y, sobre todo, rica. Pero poco se sabe de ella. Fue silenciada, como otras muchas mujeres de su generación. Ahora se cumplen 100 años de su muerte y el cenobio al que dedicó su vida recupera su figura con una muestra que lleva por nombre, cómo no, 'Dones silenciades'.

Que su retorno a la visibilidad sea en el monasterio de las clarisas no es baladí. Sin la reina Elisenda no habría habido Pedralbes, pero sin sor Eulària tampoco. Pues si la última mujer de Jaume II lo fundó, la religiosa lo refundó al evitar que cayera en la decadencia. Dedicó su dote y su fortuna, que no eran pocas, a su restauración. La iglesia y el refectorio lucen como ella los dejó. Pero antes de dedicarse a tan altas tareas vivió como correspondía a una chica de su cuna: con todos los lujos.

PATRIÓTICA Y MÍSTICA

Fue la única hija de los Anzizu Vila, una adinerada familia más que bien emparentada. Él, hijo de banquero y sobrino de Manuel Girona; ella, Bacigalupi de segundo apellido, era prima de Eusebi Güell. A Mercè, por nacimiento ya le correspondía una vida con posibles. Posibles que aumentaron cuando, huerfana tempranamente, fue acogida por los Güell y los López (los marqueses de Comillas).

El monasterio de Pedralbes recupera su figura en 'Dones silenciades' cuando se cumple el centenario de su muerte

Con ellos conoció el ambiente cultural de la época. Y sacó provecho. Escribió poesía, pero no ligera, como hacían las mujeres de su entorno. No. La suya fue primero patriótica y luego mística. La patria le llegó con la Renaixença. La espiritualidad, tras un viaje iniciático a Asis. Previo paso por Roma y audiencia papal con imposicion de manos incluida. A la vuelta, ya nada fue igual. Rompió con el statu quo de joven aristócrata y renunció al mundo y a sus privilegios. Todo un acto de rebeldía para una joven rica y casadera. Así, suntuosamente engalanada y de blanco impoluto, cual novia, empezó su relación espiritual con la pobreza cuando ingresó como postulante en el monasterio, en 1888. Dos años después profesó como monja y tomó el nombre de Sor Eulària, copatrona de la ciudad.

Siguió escribiendo. Sí. Pero en el cenobio su trabajo se centró más en la historia y en el arte. Clasificó y ordenó el archivo, y ello le sirvió de base para 'Les fulles històriques del Reial Monersir de Santa Maria de Pedralbes' (1897), la memoria de la comunidad, aún vigente. Y catalogó el patrimonio artístico que quedaba en el cenobio, además de concienciar a la comunidad de su valor. De hecho, mucho ya había desaparecido. Vendido en épocas de penuria, como posiblemente ocurrió con el retablo del altar mayor de Bernat Martorell del que nada se sabe. Ella creó el 'museuet', origen de la actual exposición permanente del monasterio.

MUERTE PREMATURA

Con todo, no llegó a abadesa que era lo suyo. No tuvo tiempo. Murió demasiado joven. Tanto que tampoco pudo ver publicado el conjunto de su producción literaria. 'Poesies' salió de la imprenta tres años después de su fallecimiento. Traspaso que la prensa de la época recogió glosando su figura: "Gloria de las letras catalanas" y "Su nombre será siempre recordado en las páginas de la historia literaria". Dijeron. Se equivocaban. Fue una de las muchas voces femeninas silenciadas. Hasta ahora. "Hemos querido recoger todas sus facetas y tratarla como una gran intelectual de su momento a la que no se le ha dado la importancia que merecía",  reflexiona Anna Castellano, conservadora del monasterio de Pedralbes. 

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