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Una Mercè de gama extra

Barcelona cierra con éxito de público una fiesta mayor en la que el único incidente ha sido la lluvia

El ayuntamiento estudiará fórmulas para que la Ciutadella "no muera de éxito" en la próxima cita del 2017

Carles Cols

Diada castellera en la Plaça Sant Jaume

Diada castellera en la Plaça Sant Jaume / DANNY CAMINAL

A una Mercè que se promocionó con un cartel de Miguel Gallardo (coautor en su día de la gran ‘Ilíada’ underground barcelonesa, ‘Fuga en la Modelo’, gracias, gracias, gracias…) y que se inauguró con un pregón que ríete tú de Marco Antonio ante el cadáver de Julio César (gracias también, Javier Pérez Andújar), solo lo faltaba un récord. Lo han proporcionado a las 12 del mediodía los Minyons de Terrassa. Nunca en Barcelona se había erigido un ‘castell’ de 10 pisos. Ha sido un ‘3 de 10 amb folre i manilles’, un premio Pritzker de la arquitectura humana, aunque los puristas del género se limitan a llamarlo de gama extra. Más o menos como la Mercè 2016Sus cifras también impresionan.

El balance de la Mercè es algo muy serio. Es decir, las cifras cruciales no se anuncian al tuntún porque alguien tiene buen olfato en calcular multitudes, como quien sabe solo con palparlo si un melón saldrá dulce, sino que los cómputos son fiables, de tecnología puntera. Ese es el caso del parque de la Ciutadella, por cuyas puertas entraron el sábado unas 125.000 personas. Por el parque de la Trinitat se asegura que el sábado pasaron 21.000 personas, que tampoco está mal, y lo que es mejor, no todas eran vecinos de los barrios adyacentes. La estación de Trinitat Vella registró un aumento del 600% en el número de pasajeros. Jaume Collboni, concejal de Cultura, instantes después de que los Minyons de Terrassa rompieran el techo ‘casteller’ de la plaza de Sant Jaume, hizo un primer balance provisional de la Mercè 2016 y, así, comenzó a preparar la del 2017.

2017, REPENSAR LA CIUTADELLA

“En espacios como la Ciutadella -previno Collboni- se trata de que no muramos de éxito”. Ya se verá cómo, pero el propósito es que las murallas de ese parque, que se ha convertido en la plaza mayor de la fiesta mayor, caigan, simbólicamente claro, es decir, que de un modo u otro se puedan programar espectáculos extramuros, en las calles de alrededor". 

Nunca en Barcelona se había erigido un 'castell' de 10 pisos. Lo hicieron los Minyons de Terrassa en una plaza de Sant Jaume abarrotada

La Mercè del 2015 movió a 1,8 millones de espectadores. La del 2016, aunque más corta (apenas tres días y medio de programación) terminará a la par. Ni la lluvia impidió que una multitud siguiera un 'correfoc' que pendió de un hilo hasta el último minuto. En la del 2015, por ejemplo, el 24 de septiembre, festividad real de la patrona de la ciudad, se supone que el público de todos los espectáculos sumó unas 523.000 personas. Este año han sido 625.000. La descentralización de la fiesta -eso lo ha subrayado también Collboni- se ha revelado como una sabia decisión del Institut de Cultura de Barcelona (Icub). Sería raro que la Trinitat y Fabra i Coats no repitieran en el 2017 como espacios de la Mercè en los barrios. Tanto como que el castillo de Montjuïc dejara a estas alturas de ser la sede fija de los espectáculo de circo aptos para todos los públicos, para las familias que van allí a pasar el día, porque (esto ya no lo dijo Collboni, es solo literatura sobre la materia, un poco de lúbrico ‘background’), hay también un circo adulto, como el que en los años 30 y 40 protagonizaba Koringa, que se presentaba como la única mujer faquir del mundo, o en el siglo XIX Maud Churchill, tragasables, una arriesgada disciplina reservada a los hombres en una época tan puritana. Lo de arriesgada no es un decir. La pobre Maud murió porque literalmente se le atragantó un sable.

UNA FIESTA CURIOSA

Eso, es cierto, no forma parte del balance de la Mercè 2016, pero viene como anillo al dedo para destacar lo que parece natural y según se mire no lo es, la ausencia de incidentes que merezca la pena destacar. En la gran fiesta mayor de Barcelona no se alancean toros, tampoco es una saturnal etilíca. Es una fiesta curiosa, en la que lo que mueve a cientos de miles de personas son citas culturales, tradicionales, en algunos casos, musicales, también, y de ultimísima hora, de creadores emergentes, en otros. No en vano, la directora de toda esta colosal programación ha sido una bailarina y coreógrafa, Marta Almirall, un perfil perfecto para coser precisamente eso, tradición y modernidad. 

Ni la meteorología adversa impidió que una multitud siguiera el 'correfoc'

Queda una última cifra para subrayar el apego que los barceloneses le tienen a esta fiesta. La aplicación de teléfono móvil creada expresamente para la Mercè 2016 ha sumado 22.076 descargas. La web oficial de la Mercè ha recibido más de 770.000 visitas. Más allá de los números, en el Icub valoran que los cambios de programación, ya sea por la lluvia o por enfermedad del artista, se comunican ahora con una agilidad que beneficia a ambas partes.

El próximo año, más.

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