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El comercio céntrico pide autogestión para regular la oferta

Si funcionaran como los centros comerciales podrían poner coto a la clonación

Las cadenas suelen desvincularse de las asociaciones locales de vendedores

PATRICIA CASTÁN / BARCELONA

Las casi 56.000 tiendas en activo de Barcelona se estructuran en una amplia malla donde el pequeño comercio trata de sobrevivir al peso de los gigantes. Le caracteriza un fuerte asociacionismo, pero llama la atención que sean precisamente los poderosos los que menos se integran en estas entidades que trabajan para dinamizar sus zonas. Con ese argumento -evitar que unos pocos se beneficien del esfuerzo promocional del resto- y frenar una excesiva estandarización comercial en las calles más cotizadas, los comerciantes han vuelto a poner sobre la mesa la cuestión de la autogestión por unidades territoriales.

La llegada de los socialistas al equipo de gobierno, y en particular al área de Comercio, les anima a reactivar una vieja demanda para seguir el modelo organizativo de muchas ciudades anglosajonas. La fórmula de unidades BID no arrebata el control del espacio público al ayuntamiento, pero sí fuerza la implicación de todos los negocios en esa unidad. Se articulan como en un centro comercial, donde uno no elige participar o no, sino que tiene obligación de aportar una tasa fija que tanto cubre la limpieza y seguridad del espacio como su promoción. La campaña de Navidad la pagan todos, no solo los que están asociados. Aunque no hay un solo modelo preestablecido de funcionamiento.

Barcelona es la ciudad española con más tiendas per cápita 

Hace varias semanas se presentó otro informe fimado por Eixos.cat, Iberia 2016, que comparaba la salud comercial de varias ciudades grandes de la Península Ibérica. Barcelona era la que más comercios tenía por cada 100 habitantes (4,24) por delante de Valencia y Madrid. En diversas clasificaciones, despuntaba el portal del Àngel, por sus alquileres de infarto (250 euros por metro cuadrado), su alto porcentaje de tiendas de equipamiento personal (87%) y su imán como eje de compras regional y turístico. Por descontado, la ocupación de sus tiendas es altísima, con puntuales cierres y relevos.

El consistorio nunca se ha atrevido a dar ese paso, porque recauda el IBI y organiza el mantenimiento de la vía pública. Pero no tiene capacidad para frenar la eclosión, por ejemplo, de cuatro tiendas de una misma marca en unos cientos de metros. Se impone el derecho europeo al libre comercio (legal). Gabriel Jené, de Barcelona Oberta, destaca que funcionando como BID, un eje podría acotar la proporción de tipos de ofertas y operadores, garantizando la pluralidad.

FUTURO A DEBATE

En el bando más conservador, la Fundació Barcelona Comerç, con casi 4.800 tiendas asociadas en 16 ejes de barrio, también se muestra abierta a estudiar esta fórmula, al menos en algunas zonas. Su nuevo presidente, Santi Vendrell, es consciente de que solo las calles principales tienen vigor tras la crisis, mientras que las secundarias de los barrios han sufrido mucho. Y tiene claro que el comercio de venta al público tiene que unir esfuerzos, sin divisiones, para seguir siendo fuerte ante el comercio digital.

Jené recuerda que un 0,3% de las empresas concentra el 42% de la cuota de mercado, con una consiguiente polarización de alquileres por zonas. Jaume Perna, director de OTP Ingeniería, especializada en la legalización y apertura de negocios, agrega que las franquicias tienen cada vez más fuerza, ante las facilidades de suministros y publicidad que aporta la enseña, frente a un emprendedor. En paralelo, no muchos de estos tendrán fuerza para dar el salto a un eje comercial, sus precios y la actual política de barra libre comercial al mejor postor. 

Temas: Turismo Comercio

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