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Ni mu sobre Ca l'Erasme

Un grupo inversor compra el edificio protegido y no avisa a la Administración

Natàlia Farré

Una de las escenas, en este caso la muerte de Absalón, del ciclo pictórico sobre la historia bíblica de David que decoran las paredes del salón principal de Ca lErasme.

Una de las escenas, en este caso la muerte de Absalón, del ciclo pictórico sobre la historia bíblica de David que decoran las paredes del salón principal de Ca lErasme. / periodico

Una llamada desata la alarma. "Ca l’Erasme se ha vendido". A priori la venta de un inmueble no es un tema que despierte pasiones. Cero interés. Pero el citado edificio no es un edificio cualquiera. Tiene historia, mucha; y pinturas, importantes. Y tiene algo más: es de las pocas 'cases grans' de mil setecientos, o sea barrocas, que quedan en la ciudad. Un periodo ignorado e infravalorado, y asociado a una decadencia más ficticia que real. La nobleza y la burguesía tenían poderío. Dan fe de ello las grandes residencias que levantaron y luego decoraron los mejores pintores de la época. La mayoría, desaparecidas.

El hecho alerta a la comunidad académica que teme por la integridad del conjunto barroco

Pere Pau Muntanya, una de las estrellas del momento, pintó la casa Pau Ramon con las gestas de los almogávares. De las proezas militares y de los frescos artísticos nada queda. La casa cedió a la piqueta en 1992, ante la indiferencia de Pasqual Maragall y las súplicas de clemencia de la Reial Acadèmia Catalana de Belles Arts. Y poco se sabe del claustro toscano, único en la ciudad, del antiguo Hospital de Sant Sever. De ahí la alarma y la llamada. "Todo lo que es renacimiento y barroco se lo pasan por el forro. Solo hay que ver lo que han hecho con la iglesia de Betlem", apunta la doctora en Historia del Arte Rosa Maria Subirana en referencia a las administraciones. ¿Y qué han hecho? "Meter los contenedores de basura frente al único ejemplo que hay en Catalunya de una fachada que no llega a ser punta de diamante, pero casi".

Así que lo suyo es poner rumbo hacia la calle del Carme, 106, y ver qué pasa en la que fue residencia de Erasme de Gònima (1746-1821), el empresario textil más importante de su época. Rico y ostentoso. Tanto que el Baró de Maldà lo tildaba de "Don Fantasma" y a su residencia estival, de "Versalles de Don Erasme". El edificio está protegido como Bien de Interés Local; las pinturas de su salón principal, como Bien Cultural de Interés Nacional. El resto de murales del inmueble ni están catalogados ni se sabe si han sobrevivido. Pues el edificio lleva años compartimentado y alquilado. Y la familia Janer, descendientes de Erasme de Gònima y propietarios de la casa hasta la fecha, nunca ha sido muy dada a abrir la puerta.

En la sede de la empresa no sueltan prenda, solo invitan, amablemente, a  marchar del lugar 

El aspecto de la residencia es el mismo de siempre: descuidado, con tiendas en sus bajos y pintadas en sus puertas que no parece se adapten a la normativa de inmueble protegido; pero hay un pequeño detalle nuevo: de uno de los balcones cuelga el letrero 'Edificio adquirido por BMB Investment Management', un fondo de inversiones inmobiliarias. Algo que uno no sabe si es tranquilizador o preocupante. Pero pone a la comunidad universitaria en guardia. "No sería el primer edificio que con la excusa de su estado ruinoso o de la equivocación por parte de los albañiles va al suelo", alerta Subirana.

INTERIOR "IMPRESIONANTE"

Pese a lo que dice la ley, el exterior no brilla, y el salón decorado, dicen los que lo han visto, se utiliza, o por lo menos se utilizaba hasta el 2006, como almacén. Con todo, se impone interrogar a los vecinos. Un inquilino afirma que la venta se terció el año pasado, cuando empezaron a desfilar arquitectos pidiendo permiso para hacer planos. El mismo arrendatario que asegura que las pinturas protegidas, que en algún momento la familia quiso vender y que la comunidad académica lleva desde el 2006 sin ver, siguen en su sitio. Las vio a escondidas no hace más de un año, pero las vio: "Impresionantes", afirma. La visita da también para conocer que algunos de los frescos no protegidos han sobrevivido. Por lo menos uno, el que muestra una vecina en el comedor de su casa. "No me consta que haya más pero tampoco me imagino que nadie sea capaz de destruir algo así", apunta. Está por ver. Estos, a diferencia de los del salón principal, no tienen la ley de su parte.

No ha habido comunicación de cambio de propietario a los vecinos, pero la ley no obliga a ello. Sí obliga a avisar, como bien protegido, al ayuntamiento. El consistorio no ha recibido ninguna notificación. Debería, porque en caso de venta tiene derecho de retracto. Subirana afirma que ha sido la comunidad académica la que ha alertado a la plaza de Sant Jaume, a ambos lados. La Generalitat ha enviado una carta a los nuevos propietarios para recordarles sus obligaciones y la protección a la que están sometidas las pinturas. Es una actuación "preventiva", para tener "garantías de su estado", explica Josep Boya, director general de Patrimoni. Si no hay respuesta, insistirán. El Ayuntamiento no consta que haya actuado.

La última parada del recorrido es la elegante sede de BMB Investment Management en el paseo de Gràcia. Uno no pasa de la puerta. Un traje encorbatado invita educadamente a marchar. Ni mu. La esperanza es que sean más comunicativos con las administraciones y expliquen sus planes para el impresionante ciclo pictórico sobre la historia de David y su no menos impactante techo con el Carro de la Aurora. "Estaremos atentos", afirma Boya. La comunidad académica, también. Y es de esperar y desear que el Ayuntamiento haga lo propio.

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