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Barcelona activa un plan de choque para acabar con los guetos escolares

El programa empezará este verano con la apertura de colegios en los barrios más pobres y vulnerables

Los expertos alertan de que la segregación escolar eleva el fracaso educativo y fragmenta la ciudad

Maria Jesús Ibáñez

Pobreza

RICARD CUGAT

Hay niños que han nacido en Barcelona, o que viven allí desde siempre, y que no han ido nunca a la playa, que en su vida han subido al Tibidabo ni han pisado jamás ninguno de los muchos museos de la ciudad. Son chavales que pasan las vacaciones en el barrio y que, a menudo, cuando no están en casa ante la tele, matan el día deambulando de aquí para allá. Para ellos y para otros menores hijos de familias pobres están pensados los campamentos urbanos que el Ayuntamiento de Barcelona, en colaboración con el Consorci d'Educació, preparan para el próximo verano.

La iniciativa es la primera en el calendario de un plan de choque educativo que el consistorio prevé ir desarrollando a lo largo de este mandato. "Empezará en tres zonas de la ciudad, que incluyen los barrios de Trinitat NovaBon Pastor, Baró de Viver y Besòs-Maresme, y posteriormente se desplegará hacia las 18 áreas que han sido identificadas como de actuación prioritaria", explica el comisionado de Educación del consistorio de la capital catalana, Miquel Àngel Essomba. El plan, que el ayuntamiento todavía está trabajando con los barrios y que justo ahora empieza a presentar a la comunidad educativa, contempla también la creación de escuelas de segunda oportunidad destinadas a jóvenes con dificultades para terminar la ESO, la colaboración con universidades y facultades de Educación y la implicación de equipamientos culturales y artísticos, según ha esbozado Essomba en una entrevista con EL PERIÓDICO. 

Los campamentos de verano, la primera medida efectiva del plan de choque, están destinados inicialmente a unos 500 jóvenes –en turnos de 15 días a lo largo de los meses de julio y agosto- y tienen como objetivo “reforzar el ocio como elemento educativo y con base comunitaria”, explica Essomba. La excusa, prosigue, “es que los niños y adolescentes que participen en estos ‘casals’ descubran su propia ciudad, a través de visitas culturales o de salidas educativas que se desarrollarán por la mañana”. Tras la comida del mediodía, también servida por los organizadores del campamento de verano, “los chicos trabajarán en un proyecto comunitario, en una actividad que propongan ellos mismos y que sirva para transformar de algún modo su entorno más próximo”, indica. Se intentará, además, que al menos la mitad de los monitores sean “jóvenes del propio barrio”. El resto serán personas con experiencia adquirida en entidades especializadas en el ocio educativo, con las que el ayuntamiento también está trabajando para estos nuevos ‘casals’ urbanos.

La elección de Trinitat Nova, Bon Pastor-Baró de Viver y Besòs-Maresme no es casual, admite el comisionado. Son barrios “donde la presencia de entidades dedicadas al ocio educativo es mucho más baja que la de otras zonas de la ciudad, como el Raval”, observa. Por eso, agrega, el ayuntamiento ha decidido empezar por ahí, porque son lugares donde las oenegés que trabajan con niños y jóvenes tienen una implantación más frágil y sus recursos son más escasos.

El riesgo de fracaso escolar se multiplica


La concentración de alumnos pobres (la mayoría de las veces, también inmigrantes) en un mismo colegio tiene efectos perjudiciales sobre el rendimiento académico de estos estudiantes. El riesgo de que los jóvenes sin recursos fracasen en la escuela es seis veces superior al de los que pertenecen a familias ricas, según datos extraídos del último Informe PISA de la OCDE. "Los alumnos de colegios donde más del 25% de los alumnos proceden de entornos desfavorecidos obtienen notas en Matemáticas sensiblemente más bajas", señalaba recientemente Xavier Bonal, sociólogo de la Universitat Autònoma de Barcelona especializado en el sistema educativa.

"Los estudiantes de familias de bajo nivel social y cultural obtienen 441 puntos en la prueba PISA de Matemáticas, mientras que los de su mismo estrato social, pero que están escolarizados en centros con menos porcentaje de alumnos vulnerables, elevan su rendimiento hasta los 471 puntos”, ha constatado Bonal en varios de sus estudios.

SER POBRE EN VERANO

“Realmente, en el agujero del verano es donde más se nota la pobreza”, sostiene Ismael Palacín, director de la fundación Jaume Bofill, una entidad que lleva tiempo alertando, no sin preocupación, de los problemas que está produciendo en la capital catalana la segregación escolar o concentración de alumnos pobres en un mismo centro educativo. Y “el área del Besòs –indica Palacín- es particularmente una de las que necesita de una intervención pública más urgente en la ciudad de Barcelona”.

En el plan de choque educativo del ayuntamiento, la idea que subyace no es otra que la de que la escuela deje de ser un gueto. “Es uno de los principales propósitos de las medidas educativas que estamos diseñando”, asegura Essomba, que se hizo cargo del área de Educación del consistorio el pasado noviembre y que va acabando de perfilar el programa a medida que se reúne con los agentes implicados. 

Sociólogos, pedagogos y educadores sociales que han estudiado cómo y por qué se produce la segregación y de qué modo hay que actuar para paliarla coinciden en que aquí el papel de los ayuntamientos es determinante. “La segregación escolar cuesta mucho de revertir y más en el caso barcelonés en que supera incluso la segregación residencial”, advierte el director de la Jaume Bofill. La concentración de niños pobres en unas escuelas concretas (o la fuga de niños con recursos de esas escuelas) es perniciosa para el alumno, pero también lo es para el territorio donde se encuentran esos centros educativos, indica Palacín. "Las familias acomodadas que llegan a la ciudad no se instalan en zonas con escuelas gueto y las que sí se instalan es porque no tienen alternativa económica", afirma. 

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