Ir a contenido

Hermes, el dios de Barcelona

Solo en la plaza de Catalunya se pueden ver 47 representaciones de la deidad griega

Natàlia Farré

Neus Prats, Roser Messa y Andrés Paredes, tres de los Cazadores de Hermes, junto a la escultura del dios realizada por Frederic Marés e instalada en la plaza de Catalunya.

Neus Prats, Roser Messa y Andrés Paredes, tres de los Cazadores de Hermes, junto a la escultura del dios realizada por Frederic Marés e instalada en la plaza de Catalunya. / JULIO CARBO

Es omnipresente. Se le encuentra por todos, o casi todos, los barrios de Barcelona. Aunque su presencia se concentra sobre todo en el centro de la ciudad. Y en contra de lo que pueda parecer no es un turista. Nada de eso. Su desembarco se remonta a mucho antes de que el fenómeno guiri se convirtiera en plaga para unos y maná para otros. Tan atrás que la leyenda dice que fue el primero en arribar. Lo hizo en el albor de los tiempos con su hermano Heracles mientras buscaban la novena de las barcas que les escoltaban en su viaje a la búsqueda del vellón de oro. La embarcación, extraviada en plena tormenta, la encontraron en la costa de Montjuïc, y el sitio les gustó tanto que levantaron 'Barca nona'. Es Hermes para los griegos, Mercurio para los romanos.

Los burgueses del siglo XIX lo adoptaron por ser protector del comercio y la industria

Hermes continuó su viaje pero dejó aquí su impronta. Vaya si la dejo. Basta con colocarse en el centro de la plaza de Catalunya para comprobarlo. Desde ahí se pueden ver o intuir 47 representaciones suyas. Sin contar las que han desaparecido, como los bajorrelieves que en su día decoraron con la deidad la que fue sede del Banco de Vizcaya y ahora lo es de una cadena de restaurantes. O uno de los tres que coronaban la Casa Pich i Pon. Lo curioso de los dos que sobreviven es que no son de mármol, bronce o cualquier otro material noble de los que se solían usar en las casas burguesas de principios del XX, sino que son de fibra de vidrio. De los originales nada se sabe desde la guerra civil; los actuales son obra de la escultora Susana Solano y se instalaron en los 80. Con todo, el más representativo es el que lleva la firma de Frederic Marés y se encuentra bajo el único pino que se levanta en la plaza.

Un grupo de fans de la divinidad organiza rutas para cazar imágenes del cofundador de la ciudad

A los pies de esta escultura, que responde al nombre 'Barcelona', es donde eligen hacerse la fotografía tres de los autodenominados Cazadores de Hermes. Un grupo heterogéneo de 11 personas apasionadas por la deidad y la ciudad, y que en sus ratos libres salen de caza. "Cuando la gente oye cazar se imagina una escopeta y nosotros como arma solo llevamos la cámara", aclara Andrés Paredes, uno de los fundadores de la iniciativa. La idea es encontrar y capturar fotográficamente todos los Hermes que hay en Barcelona. De momento suman más de cien localizaciones. Pero cada sitio puede tener más de una representación del dios griego. Y alguna, bastantes más. Ahí están los 28 minibustos que acumula el Instituto Nacional de Estadística de Via Laietana. El edificio fue originariamente sede de la Compañía Arrendataria de Tabacos. De ahí tanta deidad ornamental.

UN PAGANO EN SUELO SAGRADO

No en vano, además de omnipresente, Hermes es también multifuncional. "Encarna la elocuencia, es protector del comercio, de la industria y de la navegación. Es el heraldo de los dioses, inspirador de las artes y acompaña las almas al inframundo. Es el dios más ocupado del Olimpo", afirma Roser Messa, otra de las cazadoras. Y por ello, por su vertiente comercial e industrial es por lo que fue adoptado por los burgueses de la ciudad en el siglo XIX, y con sus atributos: el caduceo, el pétaso alado y las sandalias, también aladas, decoraron sus casas, empresas y tumbas: "Es transformista. Es capaz de colocar algunos de sus atributos paganos en iglesias y cementerios católicos", explica Paredes. Pasa, por ejemplo, en Santa Maria del Mar y en Sant Just i Pastor. En ambas hay vitrales con el caduceo. El motivo de tanto paganismo en suelo sagrado es monetario. Las empresas que pagaron la restauración de dichas vidrieras tenían el atributo de Hermes como emblema. Y ahí los pusieron.

Los Cazadores de Hermes llevan ya cuatro años haciendo safaris (que publicitan en su Facebook y abren a todo el que quiera apuntarse) pero aún les quedan muchos dioses por descubrir. "Todas las casas y palacios cerrados al público que esconden imágenes de Hermes en su interior, como el Palau Moja o el Palau March", apunta Neus Prats, la tercera cazadora presente. Pero algunos de los ya capturados tienen libro hoy a la venta 'La Barcelona de Hermes' (Albertí Editor), una publicación que "no pretende ser un catálogo sino mostrar los más representativos para despertar la curiosidad de la gente a encontrar el resto", afirman. Pues eso, calzado cómodo y a patear la ciudad en busca de su cofundador

Temas: Barceloneando

0 Comentarios