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BARCELONEANDO

El camino de los valientes

Los inclasificables viajeros Urska y Gregor Kelt recalan en Barcelona en medio de una azarosa travesía de 3.000 kilómetros a pie y sin dinero

Mauricio Bernal

barceloneando urksa y gregor

Los viajeros Urska y Gregor, en la Rambla del Raval de Barcelona. / ELISENDA PONS

Se da por sentado el tópico de que Barcelona es una ciudad que atrae a todo tipo de viajeros, pero no siempre se tiene presente el alcance de esa afirmación: todo lo que puede abarcar, las modalidades que puede contener. Urska y Gregor Kelt son la clase de forasteros que llevan el cliché al extremo. Si les corresponde una categoría sería la de viajeros de profesión, como los que antaño hacían las maletas y pasaban largas temporadas fuera, siempre desplazándose, sin ataduras de lugar ni calendario, moviéndose al vaivén de las circunstancias –cambiantes siempre– y dispuestos a marcharse en caso de aburrimiento en cualquier momento, de cualquier lugar; pero, entretanto, disfrutando del placer de estar vivos. El mensaje pegado a sus mochilas es más que una declaración de intenciones: “3.000 kilómetros a pie sin dinero”.

Sin dinero, y eso les diferencia también de los viajeros de antaño, cuyos baúles con frecuencia eran tesoros, por no hablar del esplendor burgués del contenido. Urska y Gregor viajan a pie y viajan sin dinero, con una reserva mínima destinada a emergencias, y dejan que el camino se ocupe de casi todo: de señalar el rumbo, de darles alimento, de proporcionarles cada noche un techo.

El mensaje de su mochila es una declaración tde intenciones: "3.000 kilómetros a pie sin dinero"

“La comida la conseguimos en tiendas y mercados. Vamos, nos presentamos, decimos lo que estamos haciendo y nos dan lo que no van a usar, lo que de otro modo acabaría en la basura”. Al comienzo del viaje, como hacía buen tiempo, sacaban sus bolsas de dormir al caer la noche y las extendían en el mejor lugar posible –un viñedo, un bosque–, pero con la llegadadel frío pasaron al plan B. “O bien hacemos 'couch surfing' o bien paramos a la gente por la calle, nos presentamos y les preguntamos si tienen un sitio donde dejarnos pasar la noche”.

-¿Funciona?

-Bueno, la gente reacciona de muchas maneras, pero varias veces hemos conseguido sitio para dormir así. Hoy dormimos en el Poblesec, en casa de una chica polaca.

POSPONER SUEÑOS

Urska y Gregor tienen 30 y 32 años respectivamente, son eslovenos y empezaron a caminar en septiembre en Marsella. Hace cuatro años, cuando se casaron, se miraron y prometieron: "Trabajaremos, ahorraremos y con el dinero ahorrado cumpliremos nuestro sueño”. Que era viajar. Pero una noche de verano, en julio, los asaltó el temor de siempre, el proverbial, el de desperdiciar el tiempo, el de posponer indefinidamente el sueño, quién sabe si para siempre, por estar esperando. ¿Qué haríamos si el dinero no existiera y no nos pagaran por lo que hacemos?, se preguntaron.  

Uska y Gregor viajan a pie y viajan sin dinero, con una reserva mínima destinada a emergencias

Se entusiasmaron, sacaron una pizarra y empezaron a tomar notas. Se imaginaron conociendo mundo e intercambiando favores con la gente, y haciéndolo naturalmente, como una forma de vida. En la práctica, esa noche empezó el viaje. Le pusieron nombre a la idea –Walk Fearless, caminar sin miedo en inglés–, cerraron al día siguiente la pequeña empresa que tenían en internet y seis semanas más tarde echaron a andar.

Urska y Gregor están esta semana en Barcelona, viajeros que escapan a la estadística: no llegaron a la ciudad por las vías habituales, no consumen, no pagan hotel. Escaparían a los radares habituales si no fuera porque mantienen una intensa actividad en internet, donde consignan más o menos cada paso que van dando (walkfearless.org). Su viaje llama tanto la atención que varias veces en el camino les han invitado a hablar en público, tantas veces, en realidad, que han acabado convirtiendo sus charlas en taller. Hoy dictan uno, en la sede de Aurea Social. ¿Sobre qué, exactamente? Sobre lo que con más soltura pueden dar cátedra: vivir sin miedo. 

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