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MANTELES LITERARIOS

Vengo de parte de Carvalho

Manuel Vázquez Montalbán trasladó su pasión por Casa Leopoldo a las novelas que protagoniza su detective, que situó al restaurante en el mapa internacional

CRISTINA SAVALL / BARCELONA

"Hay que beber para recordar y comer para olvidar". Eso decía el detective Pepe Carvalho, protagonista de los relatos policiacos de Manuel Vázquez Montalbán, que transmitió su devoción por Casa Leopoldo a su mundo de ficción. Entre azulejos andaluces y carteles taurinos, el escritor solía sentarse, ya en los años 70, a la misma mesa para degustar una lubina al horno o una tortilla de chanquete con sus amigos, entre ellos Eduardo Mendoza, Juan Marsé, Joan de Sagarra, Maruja Torres y Terenci Moix. Algunos cuando regresaban siempre repetían, con un guiño, la misma frase: "Vengo de parte de Pepe Carvalho y pónganme lo que ustedes quieran".

El local abrió en la calle de Sant Rafael el 11 de julio de 1936, escasos días antes de que estallara la guerra civil. Entonces el Raval era el barrio chino, universo portuario de personajes de novela negra que se cruzaban por las callejuelas con marineros recién desembarcados.

En sus inicios era una casa de comidas sencilla, pero afamada. En los años 50 pasó a convertirse en refugio de artistas y bohemios, que procedían de la Rambla y del Paral·lel. Y en los 70 se transformó en cobijo nocturno de cronistas y escritores.

En Sabotaje olímpico, Montalbán lo describió como un restaurante mítico al que Carvalho acudía "en momentos de nostalgia del país de su infancia, cuando era un miserable pequeño príncipe de posguerra".

El novelista y su detective situaron en el mapa internacional a Casa Leopoldo, a donde acudían lectores en busca del placer de comer y beber en un local tan literario.

'PADRES E HIJOS'

"Venían dispuestos a sorprenderse ante la opulencia de las bandejas de pescados y mariscos que ofrecía Germán a una clientela tan adicta como entregada a su inspiración de maître, heredero de una tradición restauradora y uno de los catalanes más expertos en cante jondo y tauromaquia", dejó escrito Montalbán en su obra 'Historias de padres e hijos'.

El Raval que conoció Carvalho ya no existe, solo resisten dos anclas de ese imaginario borrado en el tiempo: el Marsella y el Pastís.

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