Ir a contenido

BARCELONEANDO

La mirada desde la butaca

Jordi y Miquel Valls, de Agost Produccions, reivindican el oficio de espectador

OLGA MERINO

Comparten apellido pero no les une parentesco alguno, tan solo el gusto estético y la vocación de nadar a contracorriente: Jordi y Miquel Valls (Barcelona, 1982) son dos activistas de la cultura, dos teatreros empeñados en reivindicar el oficio de espectador. Y para que expliquen qué se llevan entre manos, quedamos cerca del Teatre Grec a una hora tempranera, aunque el caloret faller hace que ya crujan hasta los cactus.

A la sombra y con un café, se entienden mejor las cosas. A ver, a cualquiera le ha pasado alguna vez: estás en el teatro viendo una pieza dramática o un montaje de danza y no sabes cómo colocarte en la butaca ni cuántas veces has mirado ya el reloj. La obra te parece un soberano peñazo y, sin embargo, a la salida oyes comentarios elogiosos, que si patatín, que si patatán, y te achicas. ¿No me entero de nada? ¿Acaso no tengo criterio? «El problema —explica Miquel Valls— es que en ningún lugar te enseñan a mirar. Puedes estudiar para ser director, gestor de espectáculos o actor, pero en ninguna facultad se aprende a ser espectador».

Una carencia de referentes que se han propuesto paliar mediante dos ofertas veraniegas: el Taller d'espectadors (del 5 al 28 de julio), dentro del festival del Grec, y un curso en la Universitat de Barcelona (UB) bajo el título de L'estatut de l'espectador, polítiques de la mirada i llindars de la inacció (del 13 al 17 de julio).

Los Valls siempre están dándole la vuelta al calcetín y por eso bautizaron su gestora cultural, fundada en el 2009, con un oxímoron: Agost Produccions; es decir, cuando el mundo se empantana en la canícula, es el momento en que su caldera creativa echa más vapor.

Así, quienes se inscriban al taller participarán en una mesa redonda desenfadada en torno a la obra La imaginación del futuro, de la compañía chilena La Resentida, una ficción insolente sobre los últimos días del presidente Salvador Allende. ¿Y dónde? Pues al aire libre, en las mismas escalinatas donde los Valls posan para la foto, diseñadas por el paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier allá por la Exposición de 1929.

Talleres como el suyo pretenden crear «pequeños espacios de disidencia contra la lógica natural del espectador», explica Jordi. Esa mecánica de comprar la entrada, consumir lo que te echen y regresar a casa sin rechistar. Con el argumento mercantilista, la cultura acaba reducida a mera anécdota, mientras seguimos mirando de forma rasa y acrítica. El juego a la contra que proponen ya empieza por la osadía de sacar al teatro de la rigidez de su espacio: de ahí las escaleras o el campo de fútbol de la Satàlia, donde invitan a participar en un taller de movimiento al filo de la medianoche de la mano del coreógrafo Aimar Pérez Galí.

Teatro y activismo

De alguna manera, se trata de mezclar teatro y activismo político en un Grec que, bajo la dirección artística de Ramon Simó, viene este año cargado de mordiente. Jordi Miquel destacan, en este sentido, el montaje La cultura que presenta la compañía Los Torreznos en el Antic Teatre (18 y 19 de julio). Bajo ese castizo nombre, los actores Rafael Lamata y Jaime Vallaure se cachondean de la relación que el individuo occidental mantiene con lo que llamamos cultura. En un impagable fragmento de la performance, se limitan a encadenar nombres de pintores: españoles por un lado (VelázquezMurilloSorolla) e italianos del otro (GiottoCanalettoTiépolo), y lo hacen como si estuvieran retransmitiendo un partido de fútbol, como si el balón estuviera moviéndose entre sus pies, con esa aburridora entonación que solo se aviva cerca de la meta. Sin decir nada, pues, se les entiende todo.

Propuestas teatrales con guindilla. Tal vez porque, con los tiempos que corren, se hace raro separar la mirada del objeto, de su significado moral y social.

0 Comentarios
cargando