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UNA ZONA EN TRANSFORMACIÓN

Luces y sombras de la reivindicada reforma del Paral·lel

Algunas entidades de vecinos aplauden la obra y otras critican que no logra coser los tres barrios

Todas coinciden en que ahora lo importante es definir los usos y evitar el monocultivo del ocio

HELENA LÓPEZ
BARCELONA

Finalmente no se llamarán plazas ni placitas, dos de las opciones barajadas, sino 'plans'. «Ha sido una oportunidad perdida», lamenta Toni Oller, miembro de la asociación de vecinos de Sant Antoni, quien siempre batalló para que los seis espacios ganados con la reivindicada reforma del Paral·lel en la acera de Sant Antoni fueran plazas rectangulares, sin tráfico rodado que las cortara. La apertura de esas seis nuevas plazas, ahora 'plans' -uno de ellos, el que la ciudad dedicará a Pepe Rubianes-, era uno de los atractivos de la obra, en la que el ayuntamiento ha invertido siete millones de euros y que encara estos días su recta final.

No todos lo ven como Oller, por supuesto. Lluís Martínez, presidente de la Unió de Veïns del Poble Sec, califica la reforma «con un 10» -«¡hacía 50 años que no se ponía un tocho en el Paral·lel!», destaca-, y Josep Guzmán, presidente de la Coordinada d'Entitats, también las ve con buenos ojos y, en la misma línea, subraya que era una intervención que reivindicaban desde hacía años.

El activismo vecinal más joven, organizado en las asambleas de barrio y en las plataformas Som Paral·lel Fem Sant Antoni, en cambio, consideran que no ha cumplido con el que a su parecer debía ser el principal objetivo: coser los barrios del Raval, Sant Antoni y el Poble Sec. «La avenida sigue siendo una vía rápida. No se ha reducido ningún carril; la reforma solo ha supuesto más asfalto», apunta Marc Serra, de Som Paral·lel. Guzmán y Martínez, dos de los más veteranos líderes vecinales del Poble Sec, en cambio, consideran que la colocación del carril bici en el centro servirá para reducir la velocidad del tráfico. «Es una barrera psicológica para que los coches no vayan tan rápido», apuntan ambos.

Fuentes municipales señalan también que la nueva ubicación en el centro hace el carril bici más seguro ya que «acota y racionaliza la interferencia entre el carril bici y los pasos de peatones», aseguran.

Pese a las visiones totalmente opuestas, hay algo en lo que coinciden todos: lo importante ahora, una vez la obra está casi a punto -con sus nuevos plans y sus caras farolas inteligentes-, son sus futuros usos. También están todos de acuerdo, poniéndole más o menos énfasis, en que ese futuro inmediato debe huir del monocultivo del ocio y las terrazas y fomentar un comercio de proximidad. «Queremos un Paral·lel para los vecinos», sería, resumiendo, la frase que podrían firmar todos los vecinos consultados en ambos bandos.

CUESTIÓN DE LICENCIAS

Para Guzmán, el futuro plan de usos del Paral·lel, aún en una etapa muy embrionaria, debe fomentar que los vecinos puedan hacer allí sus compras diarias. La plataforma Som Paral·lel, por su parte, pide como punto de partida «la suspensión de licencias en toda la avenida hasta que se apruebe el futuro plan», subraya Javier Rodrigo, miembro de la plataforma. Guzmán, en cambio, destaca de forma positiva el compromiso municipal de no dar nuevas licencias de terrazas en la parte de acera ganada -en el resto no hay restricción-, promesa que a Som Paral·lel le sabe a poco.

En cuanto a una de las asignaturas pendientes en la avenida, el futuro del teatro Arnau, el municipio ha dado un giro en su discurso. Mientras hace apenas unas semanas la única opción que contemplaba el ayuntamiento -propietario del teatro en ruinas- era la concesión a un privado, para que este financiara la cara reforma del edificio (el único teatro que mantiene la estructura original), fuentes municipales dicen ahora contemplar un plan B. «Nuestra primera opción sigue siendo la concesión, y seguimos hablando con empresarios, pero si en un tiempo razonable no encontramos a nadie dispuesto a la inversión no descartamos el plan B de los vecinos», apuntaba el viernes un portavoz del ICUB. Plan B que consistiría en convertir el teatro en un espacio polivalente donde, además de espectáculos, se acogiera un centro de interpretación del Paral·lel.

«Ese giro es sin duda un paso adelante en la buena dirección, pero queda mucho trabajo por hacer. Nuestra idea es un equipamiento autogestionado que dedique un espacio a la historia del Paral·lel, tanto recuperando la memoria del espectáculo y el ocio popular, como de los movimientos sociales y obreros que configuraron la avenida», destaca Enric H. March, uno de los impulsores de Salvem l'Arnau.

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