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NUEVO EQUIPAMIENTO PÚBLICO EN EL BARCELONÈS NORD

Fondo abre la primera biblioteca con cocina

Santa Coloma inaugura la última pieza de su red pública de lectura

El equipamiento dispone de un apartado especial de gastronomía

CARLES COLS
SANTA COLOMA

Santa Coloma de Gramenet inauguró ayer la primera biblioteca, tal vez de todo el mundo, con cocina. No con una salita con microondas para los empleados. No. Con una cocina perfectamente equipada justo al lado de las novelas y los sillones de lectura, y esto no es una 'boutade' provocadora o sin sentido. Es la corona de un proyecto que pretende convertir Santa Coloma en una suerte de villa universitaria de todas las disciplinas vinculadas a la gastronomía. El irremediable ombliguismo barcelonés a veces condena al olvido todo aquello de bueno que sucede más allá de los límites del término municipal de la capital, pero en Santa Coloma la Universitat de Barcelona imparte ya desde el año pasado cursos de dietética, nutrición y tecnología de los alimentos y, desde este próximo curso, de ciencias gastronómicas a cargo de Joan Roca. La Bullipèdia de Ferran Adrià también está ahí, en el recinto universitario de Torribera. En este contexto, la biblioteca que se inauguró ayer en el barrio del Fondo se ha especializado en cocinas del mundo. Los fogones no son así tan extraños. Formarán parte de la actividad cotidiana de este equipamiento en una ciudad que cree que está sembrando un prometedor futuro.

Red completa

Con la del Fondo, la última en llegar, Santa Coloma completa por fin su mapa de bibliotecas. Es una ciudad muy densa, 120.000 habitantes en menos de siete kilómetros cuadrados, así que con solo cuatro bibliotecas ha conseguido que cada vecino de la ciudad tenga que andar como mucho 10 minutos a pie para llegar a una de ellas.

Cada uno de esos equipamientos, además, se ha especializado en una disciplina distinta. La biblioteca de Singuerlín, en cine. La central tiene un catálogo especial de literatura de paz y cooperación internacional. La de Peixauet dispone de la mayor oferta de España de libros, revistas y películas en chino, lo que le ha permitido, no sin esfuerzo, romper el hielo con esa comunidad. Fondo, ahora, ha apostado por las cocina del mundo. De los casi 25.000 volúmenes de que dispone esta biblioteca, 500 tienen como mínimo común denominador las diferentes técnicas gastronómicas del planeta. Es una cifra, ya de entrada, nada despreciable, pero el propósito es que crezca progresivamente con nuevas adquisiciones y, si llega el caso, con donaciones.

51.749 carnets de lectura

A las 12 del mediodía de ayer, media hora antes pues de que se abrieran las puertas de la instalación, había ya más de 500 personas aguardando en la calle para entrar. Conviene aquí repetirlo, porque hasta parece un error tipográfico. Medio millar de personas hicieron cola ayer en Santa Coloma para entrar en una biblioteca. No es algo habitual, ni allí, en el barcelonés norte, ni en otras ciudades. A la alcaldesa, Núria Parlon, le gusta destacar que el número de carnets de biblioteca en Santa Coloma es notablemente elevado, 51.749. No es que los vecinos vayan por las calles de su ciudad con un 'Ulises' de Joyce bajo el brazo. Probablemente los índices de lectura sean tan preocupantemente bajos como en cualquier otro municipio. Ayer, en cualquier caso, los vecinos de la ciudad mostraron un entusiasmo digno de mención por tomar posesión del nuevo equipamiento municipal, pues, no en vano, es realmente el centro social del barrio. La biblioteca es la pieza que quedaba pendiente de estrenar de un conjunto arquitectónico que une en un mismo solar un mercado municipal, una guardería infantil y, ahora, los libros.

El mercado abrió sus puertas en verano del 2013. La guardería infantil, poco después, a tiempo para el curso escolar. La biblioteca ya estaba previsto desde un principio que se sumara al cabo de unos meses. En principio se eligió el 23 de abril como fecha idónea, pero no se llegó a tiempo. Puestos a buscar otra celda idónea en el calendario, al Ayuntamiento de Santa Coloma de Gramenet le pareció que el Onze de Setembre era una una oportunidad perfecta para reivindicar que sin cultura no hay identidad, y viceversa. La alcaldesa aceptó ayer que la elección de la Diada para abrir las puertas no fue casual y neutral. Quien quiera verle un cierto gesto provocador, tiene pleno permiso para hacerlo.

Desde el punto de vista arquitectónico, el edificio tiene alguna singularidad que vale la pena conocer. Se han terminado los tiempos de las caras concesiones estéticas. El equipo que forman Felipe Pich Aguilera y Teresa Batlle recibió el encargo de, como si fuera la última pantalla de un tetris, acoplar en un solar no muy grande el mercado, la biblioteca y la guardería infantil. Con los 15 millones de euros presupuestados había que levantar el edificio y urbanizar el entorno, pero, sobre todo, dejar en herencia una instalación con unos costes de funcionamiento económicos. Esa es la singularidad del edificio. La piel exterior que recubre la zona de la biblioteca, que ocupa las dos últimas plantas, parece a simple vista una simple trenza metálica, un capricho de los arquitectos, pero en realidad es un ingenioso sistema que redirige la luz exterior al interior de las salas sin que deslumbre a los lectores. Se supone que las facturas de la compañía eléctrica no serán así una pesada carga para las arcas municipales.

Una estrella Michelin

Total, que la biblioteca del Fondo puede que tenga cocina, pero sería un error pensar que es un exceso, un despilfarro municipal. La cocina forma parte de un proyecto que, para contemplarlo en su verdadera dimensión es necesario retroceder unos pasos y tomar una cierta visión con perspectiva. La Universitat de Barcelona ocupa el recinto de Torribera, casi a las afueras de la ciudad, con sus estudios culinarios. El Ayuntamiento de Santa Coloma organiza anualmente un muy interesante festival de cocinas del mundo, consciente de que la diversidad cultural que allí se concentra (en Fondo, solo un 15% de la población es colomense de nacimiento) está también en los fogones. Por tener, la ciudad hasta tiene un restaurante con estrella Michelín, el Lluerna, de Víctor Quintillà. Como la palabra sigue de moda, se podría decir que esto es un 'cluster' gastronómico, en el que la cocina de la biblioteca es de lo más natural.

Otros municipios del área metropolitana persiguen abrir una cuña así y aún están, sin embargo, en los prolegómenos del proceso. L'Hospitalet, por ejemplo, tiene en su agenda abrir cerca de la Fira una suerte de centro de promoción de la cocina mediterránea que sea, a la par, una atracción turística y una fuente de riqueza, pero el plan todavía no ha cuajado. En Santa Coloma algo así ya es realidad.

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