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Vigencia de una publicación turística

El legado de Zerkowitz

El fotógrafo nacido en Viena fue pionero en la edición de postales sobre la capital catalana

C. S.
BARCELONA

Adolf Zerkowitz fue pionero en captar fotografías de Barcelona para ilustrar postales. Su cámara con objetivo, siempre con el trípode de madera, retrató en blanco y negro el viejo camino hacia el faro del rompeolas, el primer autobús turístico, carros tirados por caballos ante el mercado del Born, los primeros taxis estacionados en la plaza de Sant Jaume y la Rambla de noche iluminada por los focos de un cine con un cartel de la actriz Lillian Gish en La mujer marcada, película muda de Victor Sjöström.

El Ayuntamiento de Barcelona le ha rendido este verano un homenaje con la edición del libro de fotografías Barcelona Zerkowitz (1921-1958), que incluye sus postales con enfoques artísticos y también otras fotografías que hoy se descubren por su peculiar mirada como reportajes gráficos de interés antropológico. Según escribe el periodista Lluís Permanyer en el prólogo, entre 1915 y 1950, el autor realizó 25.000 fotografías de la ciudad y también de sus entornos, en especial de la montaña de Montserrat.

Adolf Zerkowitz (Viena, 1884-Barcelona, 1972) es también padre y abuelo de fotógrafos. Su hijo, Alfred Zerkowitz guarda su propio archivo de 40.000 fotografías, muchas de ellas postales de Barcelona. Y el nieto, Héctor, ha dinamizado el legado con la creación de la página web http://zerkowitz.es, donde se explica que los Zerkowitz elevaron la tarjeta postal turística a la categoría de pequeña obra de arte.

«La fotografía de Adolf era innovadora para su época por su elaborada composición. Dominaba la luz natural y daba volumen a la imagen. A veces esperaba todo un día para conseguir la mejor luz», detalla Héctor, director de una productora de publicidad, para quien su abuelo encontraba puntos de vista inéditos. «Iba donde nunca se había fotografiado antes», dice.

Adolf Zerkowitz se avanzó a su tiempo a la hora de captar planos cenitales desde azoteas y atalayas para mostrar la ciudad desde las alturas. No en vano, su otra pasión era el alpinismo. «Sus primeras postales las editó en 1916 por encargo del abad Antoni Marcet del monasterio de Montserrat», cuenta. No llegó a conocer a su abuelo. «Pero gracias a un diario que encontramos hace poco, he conocido los obstáculos a los que se enfrentó en España», señala, en referencia a la dura posguerra donde apenas se vendían postales. Adolf comenzó a trabajar de joven en la empresa textil de su padre. Cuando se encontraba de viaje en Marruecos estalló la primera guerra mundial. «No podía regresar a Viena, por lo que cruzó el Estrecho y terminó en Barcelona, donde se convirtió en un fotógrafo profesional», relata Permanyer en el libro.

Alfred Zerkowitz vivió el cambio de la llegada del color en la empresa de postales. La web ya tiene 20.000 fotos digitalizadas y unas 5.000 visualizaciones al día en flickr«Nos piden fotografías para exposiciones como La ciudad de Sagnier en CaixaForum», dice.

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