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'FACHADISMO'

Las calles como decorados

EL PERIÓDICO

Igual que la élite intelectual de Barcelona ha guardado un cómplice silencio mientras la balanza económica de la ciudad se decantaba tal vez en exceso hacia el plato del sector turístico, los arquitectos de la ciudad (salvo contadísimas excepciones) apenas protestaron cuando las empresas inmobiliarias, con el beneplácito municipal, procedieron a demoler viejas fincas, pero a conservar la fachada porque con ello garantizaban una posterior venta de los nuevos pisos a precios más elevados. A esa práctica se la conoce como fachadismo.

Las arquitectas Alícia Dotor y Belén Onecha sostienen que esa práctica ha conllevado la pérdida de un patrimonio de gran valor. Así se habrán demolido preciosos ejemplos de volta catalana, un tipo de bóveda cuya técnica constructiva corre el riesgo de perderse porque era artesanal, y escaleras seguramente muy cinematográficas.

El fachadismo se puede sostener que es una práctica inmobiliaria destinada a dar un plus de valor a la finca, pero ha terminado por entrar de lleno en el debate de la ciudad turística porque el resultado final es que ofrece a los visitantes un recorrido por unas calles que tienen mucho de decorado.

Tanto auge tuvo el fachadismo, que en las facultades de arquitectura se enseñó una materia destinada a resolver la ecuación que supone conservar la fachada original y, pese a ello, encajar un mayor número de pisos.

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