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El futuro de la bicicleta en la movilidad urbana

¿Casco? No, gracias

El ayuntamiento admite que el Bicing quedaría muy tocado y también se opone al nuevo código

Los ciclistas rechazan la imposición de la DGT y reclaman más esfuerzo para evitar los accidentes

CARLOS MÁRQUEZ DANIEL
BARCELONA

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España quiere convertirse en el tercer país del mundo que obliga a los ciclistas urbanos a llevar casco. La nueva norma es el punto estrella de la modificación del reglamento general de circulación, que por vez primera tendrá un apartado -y qué apartado- dedicado solo a las bicicletas. La Dirección General de Tráfico (DGT) apela a la seguridad para defender una decisión que toda la comunidad ciclista rechaza. También tiemblan aquellos ayuntamiento que disponen de servicio de bicicleta pública. Y en especial el de Barcelona, con un Bicing estabilizado que podría sufrir una lenta defunción si el Gobierno no lo evita.

De la DGT, cuando se trata de movilidad, se espera que la lógica, el paternalismo o el sentido común más primitivos lleven adosados algo de ciencia y estudio. Si el objetivo es, como dice el borrador de la ley, que la bici «sea un vehículo más de la calzada», sí parece normal o previsible que se quiera imponer un elemento que proteja el cráneo del usuario. La cosa es muy distinta si se analizan los antecedentes o los efectos negativos; ya no digamos si se consulta a las asociaciones ciclistas. Joan Valls, presidente del Bicicleta Club de Catalunya (BACC), asegura que la imposición del casco supone «reconocer la derrota en la lucha por la seguridad vial de la bicicleta en las ciudades». «La DGT debe centrarse en que el accidente no llegue a suceder. Lo que venga después ya es una tragedia, con casco o sin él, con seguro o sin él, con matrícula o sin ella».

El miércoles termina el plazo para que la Federación Española de Municipios presente alegaciones al plan. Barcelona, a través de su concejalía de Movilidad, participa mañana en Madrid en una reunión de la Red de Ciudades por la Bicicleta, donde se expresará el rechazo del ayuntamiento a la normativa. Así lo adelanta el concejal Eduard Freixedes, que considera, al margen de admitir que el Bicing quedaría «muy tocado», que el casco «no es necesario» y que lo más urgente es «trabajar en la prevención de accidentes».

CONVICCIÓN O AHORRO / En Australia, además de Nueva Zelanda, la obligatoriedad del casco ha frenado en seco la expansión de la bicicleta en las ciudades. Se estima que en ciudades como Adelaida o Sídney los ciclistas urbanos se redujeron entre un 30% y un 40%, lo que confirma el efecto desincentivador que una norma así podría tener en Barcelona, donde cada vez son más los que, por convicción o por ahorro, cambian el coche o el transporte público por el pedaleo. No está de más recordar que, según un estudio publicado el año pasado en la revista The Lancet, la inactividad física causa tantas muertes como el tabaco. Valls advierte además «de la falsa sensación de seguridad que puede generar el uso del casco». «No te salvará la vida en la inmensa mayoría de accidentes que puedas sufrir. El casco hay que recomendarlo, no hacerlo obligatorio».

Freixedes duda sobre el origen de la reforma, de si es un mandato del PP o un capricho de la directora de la DGT, María Seguí. Si es un asunto político, el líder popular en Barcelona, Alberto Fernández Díaz, tiene muy a mano al ministro del Interior, su hermano Jorge, para intentar cambiar el rumbo. El concejal conservador Óscar Ramírez admite contactos con los alcaldes de Sevilla y Valencia, ciudades con bici pública y gobernadas por el PP, para que se animen a presentar alegaciones al proyecto. «No existe estudio alguno que relacione la seguridad con el uso del casco en ciudades, y además, el Bicing no podría soportarlo», comparte.

David Escudé (PSC) también está ejerciendo de puente para que las reivindicaciones de los socialistas de Barcelona se vehiculen a través del PSOE en Madrid. En la reunión de portavoces de los grupos municipales que se celebra hoy, Escudé planteará una declaración institucional que sirva como alegato oficial y que, con el respaldo de todos los partidos, resuma el sentir de Barcelona contra el nuevo reglamento de circulación. El concejal recuerda también que los sistemas de bici pública generan centenares de puestos de trabajo que, de prosperar el redactado, estarían en peligro. Solo el Bicing ya da trabajo a más de 300 personas.

ACTITUD ACTIVA / La seguridad vial tiene una doble vertiente, pasiva y activa. En la primera hay que incluir decisiones como la de obligar a usar el casco dentro de las ciudades. La segunda, la que más reclaman las asociaciones de ciclistas y más echan de menos en el código de circulación, implica un mayor trabajo de prevención. En resumen, qué es mejor: ¿prevenir las desgracias o cubrirlas de aparente seguridad?

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