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BCN recuperará los pabellones de Gaudí como nuevo parque público

La UB quiere que los turistas paguen entrada para financiar la rehabilitación del jardín y las estancias

CARLOS MÁRQUEZ / Barcelona

Lo que se esconde detrás de la puerta es un misterio para la mayoría. El ansia de conocer, sin embargo, se diluye entre cinco metros de hierro forjado, entre las curvas de ese dragón alado con la cabeza orientada hacia el norte. Es una de las tres entradas de la finca Güell, que a finales del siglo XIX ocupaba una parte considerable de los dominios del pueblo de Les Corts, incluido el palacio de Pedralbes (residencia de la familia) y algunos terrenos por debajo de una Diagonal que todavía no existía. Ahí, tras esa figura mitológica que al abrirse parecía cobrar vida, se esconden dos pabellones y un jardín que, como el dragón, brotaron del lápiz de Antoni Gaudí entre 1884 y 1887. En 1956, con la hacienda ya partida en pedazos, el lugar quedó en manos de la Universitat de Barcelona (UB), que lo recibió como un regalo algo envenenado. Ahora, tras años de pequeños retoques quirúrgicos, empieza una cuenta atrás para recuperar esta obra de la etapa más novel del genial arquitecto de Reus.

En tiempos tan aciagos, sorprende que una universidad se tome la molestia de buscar una solución a un problema que ha permanecido invisible a ojos de la sociedad durante décadas. El jardín de la entrada que hoy queda junto a la avenida de Pedralbes fue empequeñeciendo con la construcción (1958) y posteriores ampliaciones de la facultad de Derecho, una de las primeras del campus de la Diagonal, junto con la de Farmacia, levantada unos meses antes. El espacio solo se ha usado para actos protocolarios de la UB. La casa del guarda se cedió a un conserje aunque lleva años abandonada, y en el otro pabellón se instaló la Cátedra Gaudí, creada en el año 1956 e impulsada por el excéntrico Joan Bassegoda ¿al que muchos recuerdan por el busto de Franco que adornaba su despacho¿, que la dirigió desde 1968 hasta el 2000. Desde el 2008, esta estancia permanece vacía.

La UB, con la colaboración del Instituto Municipal de Paisaje Urbano (IMPU), se acoge al tirón turístico de la ciudad y al de Gaudí en particular para, al margen de la crisis, emprender esta empresa que podría acabarse en tres años si el dinero no falta. El objetivo final es que el recinto se abra al público con un acceso similar al que CiU quiere instaurar en el parque Güell, esto es, turistas pagando una cantidad (unos tres euros, en este caso) y residentes accediendo de manera gratuita. Será así siempre y cuando el consistorio logre esquivar los problemas jurídicos que conllevan imponer este tipo de distinciones entre ciudadanos de la Unión Europea. Si hay veto, está por ver si la norma también se aplica para espacios privados, como es el caso. Para no tocar la puerta del dragón, la idea es abrir un nuevo acceso en la avenida de Pedralbes en el que se colocaría la caseta de venta de entradas.

Picadero de lujo

Para alcanzar la meta, primero habrá que emplearse para finiquitar tres frentes. Los detalla Josep Vilalta, delegado del rector de la UB para las relaciones institucionales, que tuvo a bien abrir las puertas de la finca a EL PERIÓDICO. Lo primero, que ya se está haciendo gracias a una subvención de 140.000 euros del Ministerio de Educación, es restaurar las caballerizas. La sala principal es un espacio rectangular dividido por arcos parabólicos que delimitaban las estancias de los animales. Al fondo, una puerta de madera da paso al picadero, lugar de doma de los caballos que conserva toda la magia original, desde la enorme G que recuerda a la dinastía Güell en el centro de la sala hasta las estructuras de madera sobre las que se podía contemplar la actividad hípica.

Lluís Bosch es el jefe de rutas y publicaciones del IMPU. Sus reflexiones demuestran buena sintonía con la universidad, con quien llevan colaborando desde el 2005 con pequeñas visitas guiadas los fines de semana. Sobre la sala de doma, insta a empezar por la parte más alta. Al parecer, la Cátedra Gaudí cubrió la cúpula con fibra de vidrio para tapar humedades, convirtiendo la sala en "una auténtica olla a presión".

El segundo ámbito de actuación es el jardín. Aunque está mejor de lo que cabría esperar, requiere una buena mano de chapa y pintura para recuperar, en la medida de lo posible, su aspecto original, inspirado en el jardín de las Hespérides que Jacint Verdaguer, poeta vinculado a Gaudí y a la familia Güell, creó para su obra L'Atlàntida. Solo la parte trasera de la casa del guarda, donde el anterior inquilino tenía un huerto, exhibe un aspecto ciertamente descuidado. El resto del parque mantiene los caminos iniciales e incluso en el centro hay expuesta una grua usada en tiempos de Gaudí. Lo que sí se eliminará es una fuente ornamental construida por el conserje, que, quién sabe si empujado por el espíritu del arquitecto, quiso dejar su huella en este entorno que cuenta con el mayor nivel de protección dentro del catálogo del patrimonio local.
La casa del guarda, admite Vilalta, está en un estado «lamentable». Si se quiere adecentar, requeriría de una inversión mínima de medio millón de euros. Si el deseo es dejarla «en perfectas condiciones, que en invierno no haga frío y en verano no te mueras de calor», la cifra casi se dobla. Cómo conseguir ese dinero es aún una incógnita. Descartada la participación de alguna administración, quizás la solución, admite el delegado del rector, sea "encontrar alguna empresa que quiera unir su nombre al de Gaudí". "Haríamos bingo si además se trata de una compañía con la que la universidad tenga relaciones", sostiene Vilalta. No sería de extrañar que, una vez lanzada la campaña de captación, alguna multinacional, quién sabe si japonesa, quiera ejercer de mecenas.

Prudencia municipal

El concejal de Les Corts y teniente de alcalde de Hábitat Urbano, Antoni Vives, visitó los pabellones en julio. Pudo constatar la necesidad de invertir. «Estamos elaborando un plan director en el que ayuntamiento y universidad colaboren para explorar las posibilidades de este espacio, con el objetivo de ponerlo en valor y lograr abrirlo a los vecinos, a la ciudad y al mundo entero», explica el edil a este diario.

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