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Análisis

Nuevos usos, nueva vida

MARIA RUBERT
ARQUITECTA. CATEDRÁTICA DE URBANISMO DE LA UPC

El círculo del albero de la Monumental es un espacio imponente, espléndido, no necesita nada más que actividad. Incluso es bello sin ella. Es un espacio emocionante tanto si uno ha luchado para que se prohíba la fiesta en Barcelona como si a una le gustan los toros y aprecia la delicadeza del toreo de José Tomás. Quizá el fin de la fiesta sea la ocasión para abrir la plaza a usos públicos variados y a la vez aprovechar esta situación para emprender una real mejora del barrio. Nuevos usos en las plantas bajas pueden activar la zona y acompañar otros equipamientos próximos -el Teatre Nacional, la Escola Superior de Música y el Auditori, el futuro Centre de Disseny- que hoy quedan aislados y desconectados entre sí. Marina podría canalizar de manera cómoda el flujo hacia la Sagrada Família, el monumento más apreciado por los visitantes de Barcelona.

En cualquier caso, la forma de la plaza sugiere imaginar actividades y espectáculos donde la acción y el movimiento sean importantes: cualquier deporte que pueda adaptarse al perímetro del círculo, conciertos o teatro experimental, danza, circo... Pero también actividades de los múltiples colectivos que organizan actos menos regulados, como fiestas, conferencias, macromeriendas...

Creo que en los últimos años hemos aprendido que es más fácil desmontar usos que llenar de contenido edificios vacuos. Quizá hemos aprendido también que los edificios más interesantes que visitamos son a menudo aquellos que no estaban previstos del todo para el uso que tienen (escuelas que sirven como museos, naves industriales como bibliotecas, garajes como gimnasios...), y que cuanto menos se ha intervenido más interesante es el espacio y más creatividad fomenta en el interior. Lacaton y Vasal adaptaron el Palais de Tokio de París, un edificio clasicista, a museo de arte contemporáneo casi sin remover paredes. Y las fábricas y espacios industriales del siglo XIX sirven como lugares de trabajo colectivo o como talleres de artistas en Berlín o Londres. Cuanto menos intervengamos en la Monumental, más abiertas quedan las puertas para usos imprevisibles, nuevos, necesarios.

Quizá podríamos convocar un concurso entre arquitectos, no para un proyecto de adaptación a un nuevo uso sino sobre qué usos y actividades puede acoger ese espacio con una intervención mínima. Para adaptar un espacio aprovechando lo que hay hace falta a menudo más ingenio que para adaptarlo de manera forzada a un uso que puede ser efímero. La Monumental necesita un buen gestor y la implicación de los ciudadanos de Barcelona. Es una ventaja que podamos pensar hoy las actividades que puede acoger sin demasiadas complicaciones ese edificio, porque la arquitectura ya está ahí... a sol y sombra.

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