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'The queen' cuenta la confusión de Isabel II durante el luto por Diana

Helen Mirren borda el papel de reina en el audaz filme de Stephen Frears

ALBERT GUASCH / VENÈCIA / ENVIAT ESPECIAL

Cuando Helen Mirren hizo su aparición, la sala de prensa de la Mostra veneciana se convirtió en un clamor. Reverencia colectiva y ruidosa a su milimétrica interpretación de Isabel II en The queen. Reverencia también a Stephen Frears por salir más que airoso del fregado de recrear la confusión reinante en la monarquía británica durante los días del luto popular por la muerte de Diana de Gales.

Porque sin duda es una audacia de alto voltaje para un director inglés tratar de mostrar la intimidad de la familia real, que aparece en la película incapaz de comprender la tristeza que afligió a su país y expresar algo de compasión. El mismo país que aún hoy, nueve años después, mantiene intacta su fascinación por la figura de Diana. Ahí están los tabloides para dar fe de ello, proclamando casi a diario nuevas y fantásticas revelaciones sobre su interminable muerte.

Es una audacia tremenda lo de Frears porque esos mismos tabloides esperaban ayer la película con tenedor y cuchillo para diseccionarla y servirla en grandes titulares. Se comentaba incluso por Venecia que Buckingham Palace había enviado un puñado de asesores legales para tomar nota. Eso es expectación.

El caso es que Frears y su guionista, Peter Morgan, afirman haberse documentado a fondo y haber realizado decenas de entrevistas para ofrecer una dramatización lo más realista posible de aquellos días en Balmoral (Escocia), la residencia veraniega de Isabel II, y también en Downing Street, ocupado por un Tony Blair joven y exultante al poco de su primera goleada electoral.

VENTANA A LA INTIMIDAD

The queen, ya una favorita al León de Oro, detalla las rutinas domésticas de Isabel II, a la que agrada conducir en solitario un todoterreno, que prefiere los tabloides antes que la prensa seria, que se muestra burlona con su hijo Carlos, impaciente con Blair, hastiada de Camila, mirando la tele sin emoción la noche de la muerte de Diana.

El gran mérito de Frears consiste en equilibrar los instantes de humor ácido con el drama político, sin precipitarse por el barranco de la caricatura ni el precipicio del folletín de sobremesa. En ocasiones inserta imágenes reales de aquellos días para recordarnos que todo esto va en serio y que está hecho con rigor.

Buena parte del éxito es mérito de la ajustada interpretación de Helen Mirren. "Me daba mucho miedo. Es el papel más intimidante de mi carrera", admitió. Su reina es impermeable como una roca, firme en el autocontrol, que se parapeta en el protocolo para no emitir un comunicado de pésame y que la bandera ondee a media asta en señal de duelo por Diana. "Ya no era de la familia real", afirma tajante en el filme.

Esta actitud propició que los diarios dispensaran a Isabel II los ataques más inmisericordes de su reinado. Su popularidad cayó fulminantemente. Pensó incluso en abdicar. "Nunca imaginé que llegarían a odiarme de esta forma", dice.

El mensaje de la película es que un Blair progresivamente más monárquico la convenció de que se desplazará a Londres, se dejara ver en público y mostrara pesar. En suma, fue él quien la sacó del pozo. "Siempre he preferido guardarme los sentimientos. Es lo que me enseñaron. Supongo que los valores han cambiado", lamenta Isabel II. Blair salve a la reina, tituló ayer una revista de la Mostra. Pues eso.

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